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Quisiéramos dejar a un lado el drama que un hombre como él hace público: los miles de personas que igualmente están atrapadas en este horrible fatalidad, los sufrimientos, los costosos tratamientos, la degeneración por causa de los mismos (el otrora radiante Chávez se ve ahora calvo y malsanamente obeso). Desde una perspectiva estrictamente humana, deseamos que Chávez pueda aliviarse del dolor que siente. Pero, por ser Hugo Chávez la víctima de este flagelo, sería conveniente que los venezolanos, próximos a las elecciones, empezaran a pensar sobre las posibilidades políticas de ese país a futuro.
Aclaramos algo: todo lo que hay respecto al cáncer de Chávez es un misterio. No se sabe qué tan bien o qué tan mal está. Nadie sabe su real estado de salud, ni cómo ha ido evolucionando. Se conocen, eso sí, las cosas de rigor propias de la enfermedad: ha viajado a Cuba para una nueva intervención quirúrgica. ¿Estará bien a su regreso, muy próximo a la campaña por las elecciones de ese país?
Tres opciones proponemos sobre lo que podría estar sucediendo. Todas, claro, con el enfoque coyuntural y político del momento. La primera es que sea sólo una recaída y que de su visita a Cuba no se desprenda nada grave. Así, podría estar de vuelta en Venezuela para adelantar su campaña política. La segunda es que, sin ser terminal, su nivel de manejo sobre los asuntos públicos quede mermado. Mucho se habla acerca de esta opción, al decir que un sentimiento de solidaridad invadirá al pueblo venezolano y que, por él, Chávez podría tener una buena votación. Pensamos que esto no tiene mucho sentido. Por lo menos no sería un movimiento generalizado, sino más bien unos votos particulares de aquí y de allá. La tercera opción, la menos cómoda, es que debido a un estado de salud bastante precario el mandatario no pueda participar en la campaña. Terrible asunto.
Y como hasta ahora todo ha sido visto sobre un manto de incertidumbre, tendrán los venezolanos que hacerse unas preguntas pertinentes y preventivas para saber qué hacer en caso de que esto último ocurra. ¿Cuáles serían las respuestas del oficialismo? ¿A quién pondrían como tutor para reemplazar al carismático mandatario venezolano? ¿Qué clase de terna o junta o consejos o autoridades se encargarán de afilar el plan B? La salud de Chávez se ha vuelto un tema que muchas veces se toma muy a la ligera, pero la democracia de un país depende de ella.
Cualquiera que sea el estado real del cáncer que lo ha devuelto a Cuba para una nueva intervención quirúrgica, beneficia a la oposición. No por la enfermedad que, insistimos, es un padecimiento que ojalá no existiera, sino por la ausencia del mandatario. Y la oposición supo superar esa torpeza de décadas enteras para, por fin, unir en una sola carta llamada Henrique Capriles Radonski las esperanzas de un cambio de gobierno. Tienen la ventaja de un opositor diezmado y de un candidato joven (a veces, dicen algunos, demasiado joven) que ha tenido una buena acogida por el camino del cambio.
Somos de los que creen que una democracia debe renovarse y que sus dirigentes no pueden estar con la batuta del poder toda la vida. La trágica situación de Chávez es un episodio muy particular, que marcará sin duda las elecciones próximas. ¿Qué medidas preventivas tomará el oficialismo para que los chavistas no pierdan la fe? Ojalá hayan estado maquinando esas preguntas mucho antes de que este texto vea la luz.