Trump despierta el necesario activismo climático

Tal vez Donald Trump, pese a todo el daño que puede hacer, se convierta en el antagonista que necesitaba el tema del cambio climático para que cobre relevancia y urgencia a nivel internacional. / Foto: AFP.
Tal vez Donald Trump, pese a todo el daño que puede hacer, se convierta en el antagonista que necesitaba el tema del cambio climático para que cobre relevancia y urgencia a nivel internacional. / Foto: AFP.

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La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París demuestra el egoísmo de una porción de la clase política de ese país que prefiere seguir apoyando la obtención de ganancias a como dé lugar y pone en grave riesgo al mundo entero. Sin embargo, tal vez es la sacudida que necesitaban las naciones para darle la urgencia necesaria a un tema que suele pasar de agache, pese a involucrar la supervivencia de la especie humana.

“El Acuerdo de París es injusto con los Estados Unidos. Este pacto es menos sobre el clima y más sobre obtener ventajas económicas sobre EE. UU.”, dijo Trump, advirtiendo que estaría dispuesto a unirse de nuevo si hay una renegociación. Mentira: él, como todos los parlamentarios del Partido Republicano que lo apoyaron tras bambalinas, no creen en el cambio climático y quieren seguir explotando el planeta sin pensar en las consecuencias. Lo demuestran todas las regulaciones de la era Obama que el nuevo presidente retiró y su desdén hacia la Agencia de Protección Ambiental de ese país.

Con esta decisión, EE. UU., que es el segundo productor de emisiones de dióxido de carbono del mundo, se une a sólo otros dos países que no firmaron el Acuerdo: Siria y Nicaragua. El primero, por estar envuelto en una guerra civil que lo volvió paria diplomático, y el segundo porque, y esto debe recalcarse, sentía que el acuerdo no hacía lo suficiente para salvar al planeta. En su momento, Paul Oquist, enviado nicaragüense a las negociaciones, dijo que “no vamos a firmarlo porque la responsabilidad voluntaria es un camino al fracaso”. Ese país, que es uno de los más afectados en el largo plazo por el calentamiento global, pedía compromisos vinculantes de las naciones desarrolladas. Y no es una posición vacía: según estimados del Banco Mundial, Nicaragua suplirá un 90 % de su consumo energético con energías limpias y renovables.

Trump, entonces, está solo en su negación del cambio climático. Y, de hecho, ese ha sido el lado amable de lo ocurrido: la reacción. La ignorancia y la arrogancia demostradas por el presidente de Estados Unidos le imprimieron urgencia a un tema que a veces se ve lejano pero que necesita la atención constante del mundo entero.

En Estados Unidos, cerca de 62 alcaldes de grandes ciudades se comprometieron a cumplir con el Acuerdo. Los gobernadores de California, Nueva York y Washington, estados que albergan cerca de 68 millones de personas y aportan una quinta parte del PIB estadounidense, crearon la Alianza del Clima de los Estados Unidos para fomentar que otros estados cumplan el Acuerdo e incluso vayan más allá en sus compromisos. En un comunicado, dijeron que su objetivo es “tomar acciones agresivas que contrarresten el cambio climático”. Justo lo que el mundo viene pidiendo a gritos desde hace tiempo.

Por su parte, los otros países fueron casi unánimes en su rechazo a la decisión de Trump. Emmanuel Macron, de Francia, hizo un llamado a que “hagamos que el mundo sea grandioso de nuevo”. China, el principal productor de dióxido de carbono, prometió acelerar sus acciones y fomentar que los países más pequeños hagan lo propio.

Y es que, pese a todas las críticas que pueden hacerse al Acuerdo, ya estamos viendo que los incentivos funcionan. China invertirá cerca de US$360 millardos en energías renovables. India, el tercer país con más emisiones de dióxido de carbono y uno de los casos más críticos, está disminuyendo de manera inesperada la construcción de plantas de carbón y tiene un plan ambicioso en marcha para volverse sostenible. El resultado es que las energías renovables están disminuyendo su precio, creando así más oportunidades para que otros países las adopten. Hay motivos para tener esperanza.

Sin embargo, todavía el riesgo existe. Según un estudio del MIT, sin el Acuerdo de París la posibilidad de evitar un aumento de temperatura de dos grados Celsius se reduce al 10 %. De acuerdo con datos de la National Oceanic and Atmospheric Administration, el nivel del mar podría aumentar hasta un metro en los próximos 83 años.

Ante la intransigencia del líder de Estados Unidos, la respuesta del mundo debe ser contundente: no podemos permitir que la avaricia de unos pocos condene a la humanidad.

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