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Piñera, un boyante empresario que ha venido actuando en política con gran éxito, culmina así una lucha por la presidencia en representación de los sectores de derecha que buscaban ser alternativa de poder a los gobiernos de centro-izquierda. Su reto, demostrar que la alternativa política que representa tiene una visión moderna y madura de la gobernabilidad en un país que todavía mantiene abiertas algunas de las heridas tras la sangrienta dictadura. Debe, asimismo, potenciar el ritmo de crecimiento que ha colocado a Chile a la cabeza de los países con un alto nivel de desarrollo en Latinoamérica y, a la vez, continuar con el exitoso programa de mejora de las condiciones sociales de miles de chilenos en estos últimos veinte años.
Los altísimos niveles de popularidad con los cuales se retira la presidenta Michelle Bachelet comprueban que, al igual que lo hizo el presidente Ricardo Lagos, la izquierda democrática, con un discurso moderno, fue una alternativa viable de poder, aglutinando a su alrededor la voluntad de la mayoría de los chilenos sin importar su credo político.
A la Concertación, sin embargo, también le espera una nueva etapa. En la perspectiva más deseable, habrá un necesario remezón interno y la generación de relevo dentro de las dos principales agrupaciones que la conforman —la Democracia Cristiana y el Partido Socialista— deberá asumir la responsabilidad de su conducción y la formulación de las propuestas que les permitan retomar el poder. La opción más pesimista sería aquella en la cual los distintos partidos de la Concertación permitan la atomización de la alianza estratégica que tan buenos resultados dio en el pasado y que el país vuelva a vivir una situación de fragmentación política en la cual la derecha, el centro y la izquierda terminen concentrando cada una un tercio del electorado, lo que puede complicar el manejo de la institucionalidad democrática debido a la división parlamentaria que se llegue a presentar.
Piñera, por su parte, ha dado muestras suficientes de que tiene el deseo de respetar la institucionalidad lograda por la Concertación. De hecho, el domingo en la noche recibió la visita de Frei y dijo que para que un país tenga una democracia fortalecida es importante contar no sólo con un gobierno responsable, sino con una oposición seria. Todo parece indicar que este será el camino a seguir en los próximos cuatro años para Chile.
Dentro de los aspectos centrales de su gobierno estará el dirigido a cumplir las promesas de campaña, entre las que se cuenta lograr la creación de un millón de nuevos empleos en un país con una tasa de desempleo del 9%. De igual manera, deberá afrontar los problemas en materia de educación, que han llevado a reiteradas huelgas y enfrentamientos entre los estudiantes y las autoridades gubernamentales, por el aumento del presupuesto dedicado a este rubro. Algo similar se va a vivir con respecto al sector minero del cobre, el cual ya se ha dejado oír en los últimos meses con las exigencias salariales hechas al actual gobierno.
Lo cierto es que Piñera llegará a la primera magistratura precedido de una institucionalidad envidiable que se ha logrado construir sobre la base de consensos y de la madurez democrática de una sociedad que pasó de una oscura dictadura a una próspera democracia. En sus manos queda la posta para continuar con esta exitosa experiencia que es un orgullo para la región.