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La visita a China

Esta semana el presidente Santos llega al gigante asiático que es la segunda economía del mundo: la ancestral China.

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El país que despertó de un momento a otro y se ha vuelto fuerte a nivel internacional, no sólo por su poderío económico sino también por la invasión cultural que representa: en la gastronomía, en su lenguaje cifrado por signos no occidentales, en los programas de intercambio que genera y que, enhorabuena, algunas universidades colombianas han adoptado.

La relación con ese país es, pues, fundamental. El interés de Colombia en China es sensato y esperamos que redunde no sólo en un nivel económico sino también en un intercambio cultural de ese lado del mundo relativamente desconocido. A Colombia se le iba haciendo tarde en adivinar y seguirle los pasos al gigante: nuestro país, en comparación con otros de Latinoamérica, ha sido lento para establecer relaciones directas con China. De acuerdo con algunos estudios, se ubica lejos, después de Brasil, Argentina y la misma Venezuela.

Por eso es oportuno que un presidente que ha demostrado habilidad diplomática en el exterior (como en Venezuela o Ecuador) viaje directamente a Asia para hablar cara a cara con los gobernantes chinos. Un gesto que, por demás, ellos aprecian bastante y del que seguramente habrá que aprender algo.

Es hora entonces de ponerse las pilas frente a este país, por dos razones. La primera es que el empresariado colombiano, que muy pronto entrará a competir con Estados Unidos en un acuerdo bilateral que representa riesgos, podría adentrarse también en el mercado chino para entender su realidad económica y las razones fundamentales de su éxito. Esto supondría un avance y un viraje en el entendimiento del comercio exterior que tienen los empresarios colombianos. El ejemplo de Brasil en Latinoamérica es muy diciente: desde 2008 elaboraron una Agenda China y su crecimiento se debe, en parte, al entendimiento que tienen de esas relaciones bilaterales.

Es hora entonces de fortalecer los cuerpos diplomáticos enviando más gente, aprendiendo el idioma y haciendo sobresalir a personas que conozcan esta cultura. No se trata de una concesión, sino más bien de un diálogo que se vuelve necesario en un mundo globalizado. Es muy importante que las integraciones, claro, se den en términos de igualdad, pero para eso hay que dar un primer paso. El reconocimiento de Colombia como interesada nos parece favorable. Santos, entonces, deberá manejar los hilos con mucho cuidado.

En segundo lugar, se debe propender por un intercambio cultural enriquecedor. Empezando desde su lenguaje escrito (y la realidad y el entendimiento del mundo que esto supone), China es una nación muy interesante: su antigüedad, su cultura ajena a la occidental, sus oportunidades laborales y su impresionante desarrollo son cosas que hay que compartir, integrándolas, también, con la cultura nacional. Hemos mirado casi siempre hacia el norte de nuestro continente, casi por necesidad. Es hora, pues, no sólo de mirar al sur (Brasil es un asunto que, después de la Cumbre de las Américas, está pendiente de fortalecimiento), sino a otros lugares del globo con los que Colombia no ha tenido las suficientes conversaciones. La mirada a la investigación y a la difusión del conocimiento deben estar también en la mira del presidente Santos. Apoyamos, entonces, este primer acercamiento. Ojalá rinda los mejores frutos.

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