Zanahoria y garrote para Nicolás Maduro

03 de abril de 2020 – 12:00 a. m.
Los gobiernos de la región, con el del presidente Iván Duque a la cabeza, han sido enfáticos en rechazar el uso de la fuerza contra el país vecino. Están en lo correcto. / Foto: EFE
Los gobiernos de la región, con el del presidente Iván Duque a la cabeza, han sido enfáticos en rechazar el uso de la fuerza contra el país vecino. Están en lo correcto. / Foto: EFE

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El gobierno de Estados Unidos viene actuando con dureza, en los últimos días, contra la dictadura de Venezuela. De poner precio por su cabeza, y a la cúpula en el poder, pasó a avalar un complejo plan de transición, con gobierno de unidad incluido, que fue rechazado por Maduro al ser excluido del mismo. Ante esta negativa, el propio presidente Donald Trump anunció un despliegue naval frente a las costas del país vecino, con el argumento de enfrentar el narcotráfico. Mientras la tensión aumenta, el régimen venezolano sufre, además, los embates del COVID-19.

Trump no dejó dudas sobre la motivación detrás del envío de la fuerza naval al decir: “Está lanzando operaciones antinarcóticos (…) para proteger al pueblo estadounidense del flagelo mortal de las drogas ilegales (…). No debemos permitir que los carteles de la droga exploten la pandemia para poner en riesgo la vida de los estadounidenses”. De esta manera justifica el despliegue de barcos de combate, aviones y helicópteros de vigilancia.

Al respecto, el excanciller mexicano Jorge Castañeda, refiriéndose al tema de la acusación por narcotráfico y narcoterrorismo contra Maduro, considera que “el problema no es si los cargos son verdaderos. Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas cordiales con los gobiernos de Afganistán y Honduras que, como ya se sabe, son cómplices del narcotráfico”. Cree, igualmente, que lo único que se logra es un mayor endurecimiento de la posición de Caracas, con el apoyo de Rusia, China y La Habana.

El anuncio de Washington, según los expertos, busca aumentar la presión sobre Caracas, ante los intentos fallidos de las medidas diplomáticas y punitivas previas, generando zozobra sobre una eventual acción de fuerza para derrocar a Maduro o una acción quirúrgica que permita su captura. Por otro lado, podría ser un nuevo intento para desbalancear un gobierno ilegítimo que aparece como monolítico hacia fuera, pero que pronto padecerá consecuencias impredecibles a causa de la pandemia.

Cualquiera que sea la real intención, la situación interna para el régimen es compleja. No existen cifras confiables sobre el impacto del coronavirus en medio de un fallido sistema de salud. Los habitantes se encuentran en cuarentena obligatoria sin alimentos ni dinero para abastecerse y, apenas comience a hacer estragos el contagio del virus, no contarán con atención médica. De allí a un estallido social por hambre e impotencia frente a la inoperancia del sistema de salud no hay sino un paso. En ese caso, como ya ha ocurrido con anterioridad, la dictadura puede acudir de nuevo a la represión masiva. Con una acción de fuerza externa las consecuencias serían imprevisibles.

No está de más recordar que hacia finales de los años 80, en un escenario muy diferente, la administración Bush ordenó el envío de buques para controlar el narcotráfico desde Colombia. El entonces canciller, Julio Londoño Paredes, asumió una posición firme de rechazo ante la medida. El presidente Virgilio Barco recibió una llamada de su par en Estados Unidos y respaldó a su canciller. Bush mencionó entonces que se había tratado de un error interno en su país y que las naves de guerra serían retiradas de inmediato.

Es de esperar que Washington evalúe con gran cuidado cada uno de los pasos que da frente a Venezuela. En año electoral, y con un presidente que está en la mira por el mal manejo dado a la pandemia, pueden tomarse decisiones equivocadas que generarían muchos más problemas que soluciones. Los gobiernos de la región, con el del presidente Iván Duque a la cabeza, han sido enfáticos en rechazar el uso de la fuerza contra el país vecino. Están en lo correcto.

Que hay que salir de Maduro y retornar a la democracia no tiene discusión. Pero hay que tener mucho cuidado sobre el costo que ello acarree. Podría suceder que el COVID-19, sumado a la pandemia que representa un régimen corrupto como el venezolano, lleven al fin de la dictadura.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido