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El 7 de agosto y sus polémicas condecoraciones

17 de septiembre de 2008 – 08:35 p. m.

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“En los tiempos de bárbaras naciones de las cruces colgaban los ladrones, y en los tiempos modernos de las luces, de los ladrones cuélganse las cruces”.

Es ejemplarizante cuando el alto gobierno postula y premia con la máxima distinción a un personaje, como dentro de tantos, sucedió el 7 de agosto pasado al general Jesús Antonio Gómez Méndez, retirado de la Policía al mes de su condecoración. Lo que debe quedar muy claro es que esta valorada presea, con que se ha distinguido a personalidades de varias esferas y que implica sobrados méritos, actitudes valerosas en quienes las exhiben orgullosamente, debe responder a una sana valoración de trayectoria, pulcritud, honorabilidad, sin asomo del menor manto de duda acerca de su conducta intachable, y que dicha imposición no justifique intereses mezquinos políticos o la contraprestación de favores recibidos otrora, o que sea causa común para otorgarla en rifas, sorteos o a la montonera, como suele parecer.

 Arturo Tejeiro González. Bogotá.

En defensa de Lucas Ospina

Colombia se muestra cada vez menos amiga del arte. Se pretende ahora estigmatizar a Lucas Ospina, padre del personaje más cinematográfico que ha dado este país (me refiero a Pedro Manrique Figueroa) por haber hecho una parodia. Como amigo personal, que fui en su momento, de Pedro Manrique, quiero expresar mi solidaridad con Lucas Ospina y al mismo tiempo invitar a los ciudadanos (a los que todavía lo sean) a reflexionar sobre el significado del gesto irónico de Ospina, al suplantar el famoso comunicado del M-19 cuando robó la espada de Bolívar. Ospina simplemente aprovechó una coyuntura policial y mediática, por el robo del cuadro de Goya en la Fundación Alzate Avendaño, y desde esa tribuna planteó una vez más sus críticas al “sistema de artes” del Distrito. Ospina intervino la realidad a través de su parodia. Le dio un giro inesperado y lanzó un debate que incluso fue recogido por El Espectador en una de sus editoriales.

Estoy seguro de que a Goya le hubiera divertido mucho ver este caso. Ahora sólo falta que llamen a declarar a Pedrito Manrique. No sé si todavía esté en el Museo Nacional. A lo mejor ya se “mudó” al Museo de Arte Moderno y está dentro de la exposición “Los desaparecidos”.

Aquiles Cuervo. Bogotá.

El PEN en Bogotá

Cecilia Balcázar, miembro de la mesa directiva internacional del PEN, que por estos días tenemos el honor de apreciar en Bogotá, merece todo nuestro reconocimiento y gratitud. La llegada del PEN, a su vez, merece todo el despliegue periodístico que los medios de comunicación estén en capacidad de otorgarnos.

Según Cecilia Balcázar, “las palabras son como un don de fuego que crea y construye el mundo en que habitamos, a la vez que cierra horizontes y nos confina en su prisión de muros invisibles”. Si ello es así, no queda más que celebrar los principios que inspiran al PEN: la tolerancia, el respeto por la opinión ajena, la defensa radical del derecho a manifestarse sin censura y sin miedo, el derecho a disentir. El derecho, también, a soñar y a recrear siempre la utopía que nos une.

 Ramón Piedrahíta. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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