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Venimos de un período de desaceleración y por ello un buen primer trimestre puede ser el augurio de un año cercano a la modesta meta de crecimiento oficial, del 3%.
Como es costumbre, la minería mantiene su dinamismo y sigue siendo uno de los motores de nuestra economía: creció un 13,2%. La construcción es el otro sector que muestra un resultado importante, 15,9%, impulsado fuertemente por las obras civiles. En contraste, la agricultura vuelve a presentar una caída, -1,3%, explicada básicamente por la contracción del -25% en café y del -14,6% en ganado bovino.
En suma, es necesario reconocer que el país salió relativamente rápido de la contracción generada en el contexto de la crisis internacional. Esto puede estar explicado por tres factores: primero, la poca apertura relativa de nuestra economía, razón por la cual los efectos de la crisis internacional fueron compensados por el mercado interno. Segundo, la fuerte y creciente presencia de la minería, la cual, a pesar de la recesión global, incrementó sus niveles de inversión y producción. Finalmente, el gasto público que de forma desbordada fue generado en el período electoral.
Ahora bien, para los retos que se ha planteado el nuevo gobierno, en particular en el frente de generación de empleos y su formalización, este ritmo de crecimiento no será suficiente. Primero, por la estructura poblacional que seguirá presionando el mercado laboral para la generación de nuevos puestos de trabajo, y segundo, por nuestra estructura productiva y tributaria. La actual, claramente, no transforma las altas tasas de crecimiento económico, con generación y formalización de empleo.
*Ex director del DANE