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El decreto subrepticio

Felipe Zuleta Lleras
15 de noviembre de 2008 – 10:00 p. m.

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DEFINITIVAMENTE AGARRAR A ALgún funcionario en una verdad es una tarea titánica, como no sea que la verdad se les escape.

Esta semana, por ejemplo, vimos muy presuntuoso al Canciller, “respondiéndole” a Andrés Pastrana cuando éste, con toda la razón, sostuvo que el Gobierno había abandonado a los congresistas demócratas. Al joven y discreto intelectualmente diplomático se le ocurrió dar una cantidad de datos sobre los cientos de visitas de los funcionarios colombianos a EE.UU. que sólo confirman su estupidez; no puede ser que uno visite a alguien 156 veces, como lo dijo Bermúdez, amén de otros viajes adicionales, y no haya logrado la aprobación del TLC. A menos, claro está, que hayan mentido, (lo que es su costumbre), sobre los DD.HH., cosa que por supuesto hicieron.

Y peor aún, el bobancio ministro sostuvo que no habían vuelto a reunir a la Comisión de Relaciones Exteriores, de creación constitucional, y a la cual pertenecen los ex presidentes, porque “la información se filtra a los medios”. Lo que no dijo Bermúdez es que el Sr. Uribe no quiere volver a citar a los ex presidentes porque le cantan la tabla, como ocurrió con el caso de la pelea con Chávez.

Y vuelve a mentir el Canciller porque tampoco le contó al país que el 6 de agosto de este año sacaron a escondidas el decreto 2884 que conformó “el Consejo de Política Exterior y Relaciones Internacionales”, que está presidido por el Presidente y lo conforman el Vicepresidente y todos los ministros. ¿Y sabe cuáles son las funciones? Básicamente las mismas del Consejo de Relaciones Exteriores que Uribe no quiere volver a convocar.

Eso explica el porqué de los desastres en el campo de la política exterior. Gracias a ese decreto ignoto, ahora son los dos Santos, Uribito, Fabio Valencia y el ministro de Transporte, entre otros, los que orientan y dirigen la política exterior del país.

¡Ah! Y para no ir tan lejos, a esa comisión pueden asistir particulares (aun extranjeros) si ellos consideran que eso es procedente. Seguro que hubieran invitado a alias Job —lo que no pudieron hacer porque los medios les destaparon sus reuniones secretas—.

Y siguiendo con el tema de las relaciones exteriores, debo decirlo con dolor en el corazón, que me da lástima con la embajadora Carolina Barco. Tuve el privilegio de trabajar con su padre, el presidente Barco. Lo conocí al dedillo y lo admiré por su entereza, rectitud, honestidad y carácter, entre otros. Y les confieso que no me explico cómo su hija Carolina se ha prestado para representar a un gobierno lleno de manchas y pecados originales. No voy a hacer un listado de las vilezas de Uribe y su gente pues ya son lo suficientemente conocidas por el país y el mundo. Solamente le hago un llamado a la embajadora para que recapacite y renuncie, pues no puede seguir mancillando con su actitud la memoria de su padre, que combatió hasta la muerte a los miembros del cartel de Medellín que hoy nos gobiernan.

felipezuleta.blogspot.com

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