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A MEDIDA QUE AVANZA EL SIGLO, crece el sector de los nerds. Antes eran los jóvenes superdotados, tímidos y pulcros que vivían un mundo distinto a los arrebatos de sus compañeros. Ahora se extiende a los mayores. Los cazadores de talentos los buscan para destinos que requieren gente inteligente pero más discreta y calmada.
El término parece norteamericano, pero poco se encuentra en diccionarios ingleses. El Webster lo asimila a personas socialmente ineptas, sin estilo y esclavas de sus propios intereses intelectuales. Esa es definición antigua, porque hoy se extiende a la juventud de alta exclusividad. Se dice que hay más nerds entre los MIT de Boston que entre los estudiantes de Harvard. Bill Gates es señalado como prototipo, al llegar a ser el más rico del mundo sin despeinarse ni usar bluyines.
En estos días asisto en México a uno de estos eventos que permiten reflexiones sobre temas como el anterior. Al lado de la entrega en Monterrey del premio anual FNPI-Cemex al destacado hombre de la radio española Iñaki Gabilondo, se adelanta el VI Seminario Internacional sobre Búsqueda de la Calidad Periodística, promovido por la Fundación Nuevo Periodismo y por la CAF. Una tarea es clasificar los nuevos estilos de periodismo.
La evolución de diarios y revistas en competencia con los avances audiovisuales, ha llevado a consolidar una Multimedia que requiere nuevos profesionales con aptitudes para enfrentarse a la inmediatez y a la globalización. Se están ampliando los campos de trabajos especializados.
De una parte, el periodismo no debe perder su vigor en defensa de la libertad de palabra, de investigación y de denuncia, lo que hemos calificado como los sabuesos que deben husmear, ladrar y alertar, pero sin llegar a morder. Están en plena actualidad los casos en que, ante las fallas de la justicia, los periodistas asumen como jueces y aplican condenas de opinión pública. De otra parte están los de planta, de trabajos más reposados y analíticos. Es allí donde están los nerds que no usan piercing ni abusan de las malas palabras, pero conocen tres o más idiomas y tienen el cerebro repleto de nombres y de datos para cada preciso momento.
COLETILLA.- La semana entrante: Bogotá, del filipichín a los nerds.