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A las 2:00 de la mañana, por medio de algunas emisoras en Europa, se transmitió la noticia en la que se daba a conocer el resurgimiento de una disidencia guerrillera, en cabeza de dirigentes que, supuestamente, durante seis años le habían apostado al desarme y a la desmovilización.
Pero, no hay mayor falacia que esta. ¿Acaso se le olvida a «Iván Márquez» que ni siquiera se apersonó de su curul en el Congreso y aún nadie conoce de su paradero, evidenciando una conducta típica de cualquier criminal que en medio de la clandestinidad se escudó para hablar mal de un proceso del que quizá nunca hizo parte?; y ¿qué decir de «Jesús Santrich», que se burló recientemente de la Corte Suprema de Justicia y de todo el país al escaparse como cualquier delincuente, de hecho ni siquiera asistió a su audiencia ante la Justicia Especial para la Paz (JEP)?
Ese video, con el que nos despertamos hoy todos los colombianos, solo puede concebirse como una burla a un trámite y a un proceso que fue costoso, disperso, que se convirtió en algo risible desde el comienzo, porque muchas veces se vaticinó que no tendría éxito por la falta de transparencia por parte de los excombatientes, que siguieron viendo en el negocio del narcotráfico y del secuestro su fuente de recursos, mientas que, en las denominadas zonas de transición y verificación, familias campesinas de exguerrilleros han tratado de subsistir sembrando piñas y café, o en el mejor de los casos haciendo zapatos.
Debemos ser conscientes de nuestro papel en la sociedad como padres y como formadores de personas que desean vivir en un país donde la paz sea estable y duradera, donde los jóvenes puedan atreverse a soñar y a materializar sus sueños y donde la familia pueda transitar hacia la consolidación de su misión como célula básica de la sociedad, todo en el marco de la institucionalidad constitucional.
Desde la academia condenamos el pronunciamiento que desde la clandestinidad realizó el señor alias «Iván Márquez», con un video que dejó muchas imprecisiones y alardes al populismo mediático, que tiene siempre resonancia desde los santuarios escandinavos que financian una lucha de desigualdades cuyo camino nunca ha de ser el de las armas y el terrorismo.
Así como todos los colombianos deseamos la construcción de un país en paz, llegó la hora de unirnos, dejar atrás la polarización y dar un respaldo al Presidente de la República, como símbolo de la unidad de la Nación, a las Fuerzas Militares y de Policía, al Congreso de la República y a las Altas Cortes de la Justicia colombiana.
No se trata de querer apaciguar las aguas turbulentas que generaron esas desafortunadas declaraciones del video, pero hoy la institucionalidad del país debe estar lista para enfrentar con severidad y rigor a los pocos disidentes de la guerrilla que, irresponsablemente, decidieron hacer una declaración de guerra en contra del Estado. Y si, son pocos, pues no hay que perder de vista que del total de los 7.000 desmovilizados de la antigua guerrilla de las Farc, solo 1.800 se han declarado en rebeldía. En otras palabras, aún hay 5.200 excombatientes que están dentro de la JEP.
Pregunto: ¿Cómo puede hablar «Márquez» de leyes absurdas, cuando una de ellas, la 1826 lo amnistió?, ¿cómo se puede referir a una justicia penal corrupta, cuando él mismo participó de la creación de ese engendro llamado la JEP?
No se equivoque señor «Márquez» porque hoy no “comienza la segunda Marquetalia por la traición del Estado”, como torpemente lo afirmó en ese desafortunado video.
* Director del Centro de Ética y Humanidades, Universidad La Gran Colombia