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A menos de 100 días de la primera vuelta y a semanas de la elección de nuevo Congreso, las noticias son una inundación de hechos momentáneos, algunos etéreos otros estrambóticos, pero sin permanencia más allá de unas horas.
Mi razón para este fenómeno es la figura de Uribe. Quiero ir más allá de la reelección. Hoy en el país priman más los hechos que los temas de conveniencia para tener un mejor país. Para desventura de todos, uribistas, antiuribistas, tibios y hasta fajardistas (a quienes podríamos denominar los “nichichalimonadistas”) no saben qué proponer para estar en la escena mediática. Pero más allá de esto Uribe no solamente triunfó con el discurso de la seguridad democrática, sino que también copó los temas de campaña de todos y cada uno de uno de sus rivales políticos.
Ninguno persuade con tesis novedosas en su contenido, al punto que todos recurren a los ancestros de la “realeza política nacional” para provocar un electorado que, retrechero, no sabe para dónde agarrar. Los líderes actuales parecen querer retornar a los viejos “acuerdos entre caballeros” y recrean el pasado con los hijos, nietos, sobrinos-nietos y hasta “casi delfines” (muy respetable la figura de Luis Carlos Galán pero muy a pesar de todos no fue presidente. Por eso, no entiendo el delfinazgo del galancito mayor).
La cosa es tan ingrata que los medios, algunos directores principalmente, están siendo atraídos por la tetas que podrían llevar al paraíso político a alguna candidata con rémoras de poder, que en verdad analizar a fondo qué tipo de Congreso necesita este país.
El presidente Uribe tiene la palabra. Su liderazgo se metió en la Colombia profunda. Hoy el país asiste a una inédita página de la historia: seguir con Uribe III o labrar un camino con temas superiores a los planteados por el Presidente; a esto en otras latitudes se denomina nuevos liderazgos. En la actualidad todas las tendencias trabajan el día a día mientras la masa electoral tiene en su cabeza la idea que la solución a todos los problemas, de corto, mediano y largo plazos, es única y exclusivamente el Presidente. La encrucijada del alma es: ¿o tetas o temas?
* Analista político y ex diplomático