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Frases y lugares comunes para describir a nuestros niños, niñas y adolescentes, como: “Es que estos muchachos se nos salieron de las manos”, “es que ya no respetan a sus mayores y menos a las autoridades”, “ahora son más rebeldes que antes” y “no entendemos por qué esta juventud es tan violenta”.
Es un cerco doloroso y asfixiante al que tienen que enfrentarse nuestros menores de edad, cerco que nace en los hogares, que los persigue en los recorridos entre la casa y el colegio y que explota en las aulas y en los espacios cercanos a los planteles educativos.
Niños y niñas que en sus casas viven a su máxima expresión la violencia, sometidos en los recorridos que hacen de sus hogares al colegio a atracos, violencia sexual, la que finalmente se refleja en los colegios y sus alrededores.
Por tanto, hago un llamado a la sociedad para que dejemos el letargo en el que nos encontramos. Necesitamos unirnos para acabar esta penosa situación. No más castigos físicos ni psicológicos contra nuestros niños, niñas y adolescentes, necesitamos protegerlos para que no se sigan reproduciendo estos actos que hoy lamentamos.
* Concejal de Bogotá