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¿Escalada nuclear en Irán?

El posible uso del petróleo como arma en Irán podría tener graves efectos sobre el balance petrolero global, pero también representaría un riesgo tremendo para la república islámica.

02 de enero de 2011 – 04:00 p. m.

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Durante años la comunidad internacional, representada por la Unión Europea y más específicamente por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), ha cuestionado las ambiciones y los planes nucleares de Irán.

El tradicional ocultamiento por parte del gobierno iraní, desde mucho antes del ascenso al poder de Ahmadinejad, ha presentado muchos obstáculos a la IAEA.

Para muchos iraníes la aspiración de tener armas nucleares se basa en prestigio nacional y en la necesidad de protegerse. Durante 8 años Irán estuvo en guerra contra Irak, una guerra en la cual Irán fue víctima de ataques con armas químicas, sanciones económicas y aislamiento internacional.

Además, el país está en una vecindad peligrosa, en la cual India, Pakistán e Israel poseen armas nucleares. Irán sostiene que su programa nuclear tiene propósitos estrictamente pacíficos, afirmación que es generalmente respaldada por el argumento de que sus recursos energéticos están en declinación.

A pesar de múltiples amenazas y resoluciones por parte de la Comunidad Europea y la IAEA, Irán ha reconfirmado su intención de continuar fabricando centrífugas para enriquecimiento de uranio y de manufacturar grandes cantidades de hexafluoruro de uranio, el gas utilizado para alimentar las centrífugas.

La llegada al poder de Mahmoud Ahmadinejad en agosto de 2005 ha sido el factor de mayor perturbación en ese contencioso ambiente, debido a su decidido apoyo al programa nuclearea y más específicamente por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), ha cuestionado las ambiciones y los planes nucleares de Irán.

El tradicional ocultamiento por parte del gobierno iraní, desde mucho antes del ascenso al poder de Ahmadinejad, ha presentado muchos obstáculos a la IAEA.

Para muchos iraníes la aspiración de tener armas nucleares se basa en prestigio nacional y en la necesidad de protegerse. Durante 8 años Irán estuvo en guerra contra Irak, una guerra en la cual Irán fue víctima de ataques con armas químicas, sanciones económicas y aislamiento internacional.

Además, el país está en una vecindad peligrosa, en la cual India, Pakistán e Israel poseen armas nucleares. Irán sostiene que su programa nuclear tiene propósitos estrictamente pacíficos, afirmación que es generalmente respaldada por el argumento de que sus recursos energéticos están en declinación.

A pesar de múltiples amenazas y resoluciones por parte de la Comunidad Europea y la IAEA, Irán ha reconfirmado su intención de continuar fabricando centrífugas para enriquecimiento de uranio y de manufacturar grandes cantidades de hexafluoruro de uranio, el gas utilizado para alimentar las centrífugas.

La llegada al poder de Mahmoud Ahmadinejad en agosto de 2005 ha sido el factor de mayor perturbación en ese contencioso ambiente, debido a su decidido apoyo al programa nuclear y su afirmación de que Israel debe ser borrado del mapa. Hace unos años el negociador nuclear iraní, Hossein Musavain, declaró a la televisora nacional que el proceso de negociación con los europeos les había ganado tiempo para completar sus instalaciones nucleares.

Dijo Musavain: “Gracias a nuestras conversaciones con Europa, aun durante el ultimátum de 50 días, pudimos continuar el trabajo por más de dos años, y ahora estamos en mejor posición”.

Enfrentado con la creciente presión por el asunto nuclear, Irán ha amenazado repetidamente con interrumpir el suministro de petróleo si llegara a ser objeto de sanciones internacionales.

El posible uso por Irán del petróleo como arma podría tener graves efectos sobre el balance petrolero global, pero también representaría un riesgo tremendo para la república islámica.

Irán es el segundo mayor productor de la OPEP, con 3’900.000 barriles por día (BD). Sus exportaciones de 2’700.000 BD generan el 50% de los ingresos de divisas, y el país debe importar una gran porción de sus productos refinados, debido a la obsolescencia de las instalaciones de refinación. Aunque en tiempos recientes se respira tranquilidad en torno al dilema del desarrollo nuclear, el asunto sigue latente y no hay claridad en cuanto a su futura evolución.

El anterior gobierno de Irán había convertido la inversión internacional en uno de sus principales objetivos. Sin embargo, el carácter subsidiado e ineficiente de la economía nacional ha sido una bestia difícil de amansar. Por otra parte, existe el temor de que la inversión extranjera sería fuente de interferencia foránea en los asuntos internos del país. Ejemplos de esto fueron la expropiación del aeropuerto internacional Khomeini, inmediatamente después de su inauguración, y de una empresa de telefonía celular, ambos casos bajo el alegato de que se trataba de empresas turcas, amigas de Israel. Ahora el parlamento tiene poderes de veto para la inversión extranjera, los cuales han obstaculizado la inversión petrolera.

La continuidad del esquema de “buy-backs” se ha traducido en declinación de la producción, y aunque el país tiene cuantiosas reservas, las posibilidades de expandir la producción a 8 millones de BD, como ha sido anunciado, quedarán frustradas.

 * lgiusti@csis.org

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