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Héctor Osuna y Petro: humor y desencantos

El sin par Héctor Osuna

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En la prosa, como en las caricaturas, el maestro Héctor Osuna es, sin duda, el mejor humorista colombiano, y lo será por mucho tiempo. En efecto, en su columna “No hagan lo mismo”, el maestro nos regala una perla de exquisita comicidad: “Alberto Lleras, paradigma de la historia patria”. El “mérito” de Alberto Lleras fue, sin duda, haberse craneado, con los otros compadres, el Frente Nacional (FN). La idea supuesta era poner fin a la violencia que conservadores y liberales (más los primeros) dejaron escrita con mayúscula. Fueron 16 años de repartirse el poder (burocracia), mitad y mitad, exclusivamente entre conservadores y liberales. Consecuencia de ello fue la creación de “caciques” en departamentos y municipios, para que administraran a su antojo. Y entre presidente, gobernadores y alcaldes propiciaron las condiciones para que pelechara la corrupción y el saqueo de lo público. Terminado el Pacto de Benidorm (FN), 1956, dieciséis años después, el resultado es un país con una robusta desigualdad social y la nueva violencia que hasta hoy nos aflige. Ah, y Alberto Lleras Camargo (“un escritor extraviado en la política”) como el más olvidado de los cuatro presidentes de ese frente. Carlos Lleras Restrepo, que bien podría recordarse, él mismo se sacrificó al heredarnos a Misael Pastrana Borrero, el de la contrarreforma agraria y el UPAC. Así, de esa generación se salva un civil: el caricaturista Héctor Osuna, y la prosa de su otro yo: Lorenzo Madrigal.

Donaldo Mendoza

“De malas”: ¡el cambio no ha llegado!

Termina el primer año del mandato Petro y la desilusión es indiscutible. Un gobierno de izquierda aliado con la derecha en materia legislativa no cuadró, la boda entre el Capitolio y la Casa de Nariño, como era previsible, terminó más temprano que tarde. Ni los que estaban, ni los que se subieron al barco, estaban a gusto con esa fusión. Era convivencia forzada para sacar las promesas de campaña y como contrapartida, burocracia.

El desencanto estaba reflejado también en la conformación del gabinete, ministros sin empatía con los programas de gobierno, otros radicales, ideologizados y beligerantes, pocos académicos y, como si fuera poco, nombramientos de políticos cuestionados y escándalos familiares le pasaron factura al primer año del mandato Petro. Nada bueno se esperaba de esa cohabitación.

No la tiene fácil el presidente en su segundo año de mandato, sacar adelante las reformas a la salud, educación, laboral, pensional y la paz total, con la coalición desbaratada y la prepotencia, arrogancia y tozudez que lo caracterizan.

Presidente Petro, mejor crear consensos para que ganen los colombianos que cazar pleitos con los contrapesos que contempla la Constitución.

Hernán Salazar Hurtado, Armenia

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