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LA COMUNIDAD FRANCISCANA Y LA Universidad de San Buenaventura acaban de reconocer de manera pública —a través de un aviso de prensa— que se equivocaron de cabo a rabo en las acusaciones que hicieran al por entonces rector de esta universidad en Cali, padre Javier Uribe Muñoz, hacia el año 2004.
Para Uribe y otros dos funcionarios de la citada universidad, estos cinco años han sido una completa pesadilla: Como quienes representaban estas instituciones por esa época no pudieron apropiarse de los excedentes de tesorería de la seccional de Cali, decidieron urdir el más cínico e infame novelón sindicándolos de enriquecimiento ilícito, lavado de activos, concierto para delinquir, fraude procesal, hurto agravado y falsedad en documento público.
Tales cargos produjeron desconcierto e indignación. Resultaba increíble que el padre Uribe, quien fuera capellán del Palacio de Nariño durante el gobierno de Barco y docente por más de 40 años, al igual que los otros funcionarios, estuvieron tan gravemente implicados. El escándalo no se hizo esperar y ello produjo el repudio colectivo de quienes conocían al sacerdote y a los señores Jorge Luis Haddad Franco y Leonardo Manrique Gómez. Pudieron más las acusaciones y estas tres personas terminaron en la cárcel, sometidas al escarnio público y con su reputación destruida.
Sin embargo, los procesos avanzaron y uno a uno se fueron cayendo por carencia de pruebas. Llegaron menos mal nuevas directivas a la comunidad y a la U. y comprobaron que se estaba cometiendo la más canallesca y bellaca injusticia contra el susodicho cura y contra Haddad y Manrique. Por tanto, han pedido perdón y han lamentado el mal que pudieron causar a quienes les destrozaron su honra, su buen nombre y su salud.
Aunque el aviso no resarce el daño causado, servirá para que finalmente la Fiscalía acoja tal solicitud y obrando en justicia exonere de polvo y paja a quienes jamás ni se enriquecieron, ni lavaron, ni delinquieron, ni cometieron fraude procesal, ni hurtaron, ni falsificaron documento público alguno.
Si así es la justicia divina, ¿se imaginan cómo será la otra?