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EL GALIMATÍAS DE LOS CONJUECES del Consejo Electoral no deja ver el hecho capital: en estas estamos porque el Consejo Electoral ha sido incapaz, tras varios meses de vacilaciones, de tomar una decisión mínima.
Esto es, si se abren cargos para, atérrense ustedes, comenzar un procedimiento que conduzca a esclarecer si se violaron las reglas de financiación del referendo reeleccionista. Con esta presteza, creo que ni el referendo para 2014 va a ser despachado a tiempo.
No es esta una consideración personal contra sus miembros cuyas virtudes personales no se discuten. Todo esto viene de algo estructural. La equivocada composición de ese Consejo es buena y sirve para unas cosas y mala para otras.
Una reforma a la Constitución en 2003 tuvo la mala idea de darle al Congreso, previa postulación de los partidos, la facultad de nombrar a los nueve ciudadanos que lo conforman.
Esto está muy bien para la fase de preparación de las elecciones. Que los consejeros se reúnan a ejercer la vigilancia del proceso es una forma de brindar garantías.
Pero es una ingenuidad creer que esos mismos señores, delegados de los partidos, tienen la capacidad de juzgar las violaciones de la ley, o investigar con libertad a los promotores de un referendo que busca que el Presidente permanezca en su cargo. Es como pedirle a la marioneta que se libere del titiritero.
Era obvio que para esa función se requería un Consejo independiente. ¡Ah de los bellos tiempos de la Corte Electoral! Sabios curtidos que deponían toda pasión partidista al momento de decidir. Invoquemos las enseñanzas de Luis López de Meza, Luis Ángel Arango, Óscar Salazar Chávez, César Gómez, Eustorgio Sarria, Gustavo Fajardo, Jaime Escobar y tantos otros.
Pero no es éste un caso aislado. Nos estamos llenando de callejones sin salida. Presidente y Corte en un muñequeo peligroso. Ausencia de Fiscal en propiedad. Picotazo diario entre las Cortes, que ha convertido a la tutela en una nueva instancia. Procesos sin fin. Traslado de todas las decisiones políticas a los estrados penales. Y todo eso en medio de una verborrea leguleya que se ha vuelto insoportable.
Navegamos a todo vapor hacia la banana republic que creíamos tan alejada de nuestra geografía. Sacamos pecho frente a Venezuela. Nos regodeamos mirando por encima del hombro a Centroamérica. Despreciamos al Ecuador. Y ahora tenemos una versión más virulenta de la gripa desestabilizadora, más peligrosa aún que la de nuestros vecinos. Porque ellos al menos obran sin pudor y no esconden sus desmanes. Nosotros engolamos la voz y ponemos cara de juristas, simplemente para enmascarar la verdad: gana el más habilidoso, el más sinuoso, el que mejor tuerza el pescuezo de las normas, olvidando los valores centrales de la democracia. Y en esto del referendo, no dejo por fuera a nadie.
¿Por qué no hacemos un pacto sencillo?
Dejemos la alharaca veintejuliera, la farsa despeinada y salivosa de una supuesta defensa del Estado de Derecho que cada día se ve más estropeado. Hablemos ahora en los diez días que nos ha dado la Corte y, enseguida, adoptemos el lema sabio del rey Juan Carlos: ¿Por qué no te callas? ¿Por qué no nos callamos y dejamos que la Corte trabaje en sin presiones?