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MARÍA DEL PILAR HURTADO, LA hoy ex directora del DAS, es una técnica que llegó a esa institución con Andrés Peñate, como subdirectora, e inició un proceso de modernización de una institución bastante compleja; se trata, en efecto, de una entidad civil con funciones judiciales y con un perfil semimilitar.
Hace parte de la defensa y seguridad nacionales y fue creada como una fuerza para administrar la protección presidencial y desarrollar la inteligencia civil con funciones de policía judicial; tiene hoy en día a su cargo la migración de nuestro país.
María del Pilar Hurtado llegó con la decisión de trabajar con los funcionarios existentes en vez de traer nuevos y de desarrollar un programa de fortalecimiento del capital humano que comprendía capacitación, gestión humana por competencias, incentivos en el trabajo, reglas claras de ascensos por meritocracia, y rotación. Buscaba un cambio en la cultura de la institución: quería democratizarla y descentralizarla en la toma de decisiones y responsabilidades. Los cambios, por supuesto, en una institución que había funcionado por palancas, eran difíciles pero se estaban dando. La modernización interna estaba acompañada de proyectos importantes para el ciudadano, como el certificado judicial en línea, fronteras inteligentes que conectan todos los aeropuertos y salidas del país y un proyecto de cambio de sede. La certificación de los procesos con ISOS venía en camino y se trabajaba en ello. La gran proeza que tenía por delante era además de generar un cambio cultural, promover valores como lealtad, valor y honradez para que ellos se tradujeran en que la institución fuera percibida como moderna y contara con la confianza del ciudadano.
Este esfuerzo de generación de confianza se desvaneció la semana pasada con las denuncias del Polo contra la institución, y concretamente contra un funcionario, Jaime Fernando Ovalle, coordinador de Asuntos de Inteligencia Política que había pedido por escrito a las seccionales que siguieran a miembros de ese partido. Ante esa denuncia, la directora asumió la responsabilidad política por lo sucedido —como lo deberían hacer todos los funcionarios— y se fue.
Justos por pecadores es la moraleja; resulta injusto que este rasero no se aplique con todos los funcionarios del Estado; finalmente, el castigo en este caso fue la decencia; el pecado consistió en que se trataba de una técnica que no tiene todo el peso político para quedarse. ¿Cuántos problemas hay de chuzadas de teléfonos, de seguimientos a las fuerzas de oposición, de los falsos positivos y a los responsables políticos nada les pasa? ¿Cuánto se dice sobre supuestas órdenes a los órganos de inteligencia y de seguridad desde las altas esferas del poder sin ningún tipo de consecuencias? Ojalá y esto se investigara.
Paradójico resulta también que dejaran ir a la directora del DAS cuando el mismo Presidente ha manifestado que las circulares eran una trampa; Petro mismo señaló que cree en la inocencia de la ex funcionaria. Lastimoso este incidente cuando ella había ganado respetabilidad internacional para Colombia con su nombramiento como miembro de la junta de la Interpol. Ojalá que la labor por ella iniciada continúe en el DAS, pues sería por lo menos un consuelo digno.