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La respuesta a esta pregunta resuelve el falso dilema entre el Sí y el No.
Por Juanita Barreto Gama
Y ha sido ilustrada la decisión del presidente de la República cuando decidió situar la construcción de la paz como uno de los propósitos de su gobierno. Amplias mayorías nos hemos pronunciado buscando construir una paz producto de cuatro años de aprendizaje de la escucha y de construcción de este Acuerdo de La Habana, con quienes decidieron optar por acabar esa guerra y construir la paz.
Si las estadísticas de la contabilidad electoral se rigieran por las reglas que rigen las finanzas públicas y privadas, bastarían las aproximaciones matemáticas para un empate técnico. No son dos bandos los que se pelean entre el Sí y el No. Ese es un falso dilema que perpetúa los fundamentalismos y las polarizaciones que han sostenido muestra historia política partidista. Es un falso nudo que estamos aprendiendo a desatar en Colombia durante estos cuatro años de aprendizajes para abordar desde otros lugares la eterna historia de los amigos y los enemigos, de los vencedores y los vencidos. Es falso como han sido otros tales como: mujeres o madres, liberales o conservadores, guerra o paz, hombres o mujeres. Todos ellos cierran el camino a nuevas alternativas de vida, nuevas identidades, nuevas ciudadanías, nuevos partidos.
Es un falso dilema que el presidente de la República de Colombia puede resolver teniendo en cuenta la potestad que le confiere la Carta Magna, como lo dispusiera la Corte Constitucional en su Sentencia C-379/2016, inspirada en el artículo 22 que consagra “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Aun así, el dilema está ya planteado, repitiendo mentiras y “falsos positivos”.
El presidente de la Republica está facultado para resolverlo dentro del espíritu que ha acompañado los compromisos suscritos en cada uno de los puntos acordados en la mesa de negociaciones. Lo contrario sería desconocer los avances logrados en estos cuatro años y caer en la trampa tendida por las mentiras fabricadas que se vuelven realidad, y se convierten en nuevas crónicas de muertes anunciadas.
El No reproduce la exclusión y la discriminación. Quienes fabricaron el voto No niegan la realización cotidiana del principio de igualdad de oportunidades al oponerse a los derechos de las mujeres y al enfoque diferencial y de género, contrario a lo dispuesto en los artículos 11 a 41 de la Carta Constitucional. El No contradice la obligación de reconocer, restablecer y garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales y los mínimos vitales. El No controvierte la justicia transicional impidiendo el cumplimiento de los tratados internacionales mediante los cuales Colombia ha reconocido el Derecho Internacional Humanitario. El No impide avanzar en el reconocimiento de nuevas maneras de hacer política sin matar a quienes son opositores, críticos o contradictores. Avanzar con la historia no es soberbio. Soberbio es el espíritu de los tiranos cuando se resisten a privilegiar la vida, la dignidad y la justicia como un valor ético.