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Anderson Arboleda: el George Floyd colombiano

Antieditorial
08 de junio de 2020 – 12:00 a. m.

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Por José E. Mosquera *

En respuesta al editorial del 4 de junio de 2020, titulado “Donald Trump prefiere la guerra a enfrentar el racismo”.

El Espectador, como el resto de medios de comunicación de Colombia y miles en el mundo, le ha dado un gran despliegue a las enardecidas manifestaciones de protestas en varias ciudades de Estados Unidos, donde se han congregado millones de afroamericanos, latinos y blancos a expresar su indignación por el asesinato del afroamericano George Floyd por Derek Chauvin, un policía, en Minneapolis, Minnesota.

El rechazo al racismo y la segregación histórica y sistemática de la población blanca de Estados Unidos en contra de la minoría negra ha sido mundial. Este diario se sumó a las voces que condenan ese racismo, la segregación, los brutales y sistemáticos asesinatos de negros por policías blancos y, desde luego, la desafiante y autoritaria postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a las manifestaciones de rechazo del asesinato de Floyd.

El editorial “Donald Trump prefiere la guerra a enfrentar el racismo” critica la posición asumida por el presidente Trump, cuando afirma que “en vez de buscar tender puentes y empezar a sanar heridas (…) se ha dedicado a hacer lo que mejor se le da: dividir, desinformar y fomentar la violencia”. Asegura que “está creando una peligrosa bomba de tiempo”. Por obvias razones comparto los criterios esbozados por el periódico.

Sin embargo, critico que este diario, como otros en el país, no ha tenido una política editorial coherente de rechazar y condenar con la misma vehemencia el racismo que sufre la población negra colombiana. Se condena el racismo y la segregación en Estados Unidos, pero se guarda silencio frente al mismo fenómeno en el país.

Así como vehementemente se condena el racismo, la xenofobia y el segregacionismo de Trump, y se repudia la histórica discriminación practicada por la población blanca en contra de la minoría negra en Estados Unidos, también se debe condenar con la misma verticalidad el racismo y la discriminación que han practicado nuestras élites, que manejan el poder económico y político en contra de la población negra colombiana.

Élites que históricamente han excluido a las minorías negras e indígenas de la pirámide del poder y de los grandes beneficios del desarrollo. Minorías marginadas con los peores niveles de vida, índices de ingresos económicos y de acceso a la educación, la salud y el bienestar social.

Lo polémico es que este diario condena y rechaza la brutalidad policial a raíz del asesinato de Floyd, pero no condena las sistemáticas prácticas racistas y los abusos policiales y de la justicia que se cometen por los prejuicios raciales en contra de población negra colombiana. No condenaron la muerte del joven negro Anderson Arboleda, de 19 años, en Puerto Tejada, Cauca, como consecuencia de una paliza que le propinaron dos policías.

Un joven que fue apaleado brutalmente por dos policías por violar la cuarentena y murió tres días después de muerte cerebral por causa de los bolillazos en la cabeza. Su asesinato no ameritó una nota editorial y menos una solicitud de condena para los policías que le segaron la vida, seguramente porque era un joven de un pueblo perdido y marginado del Pacífico.

@j15mosquera

* Periodista y escritor afrocolombiano.

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