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Buena pregunta. Los ciudadanos, como parte constitutiva del Estado, contamos con el voto consciente como recurso legal, para terminar con la vorágine culpable que se origina desde la elección de quienes nos van a representar y de quienes esperamos un comportamiento enmarcado en la ética y la honestidad.
Por: Hernán Velandia Palomino
¿Cómo llegamos a un Estado calificado de corrupto? Sin conciencia social entregamos de manera recurrente e irresponsable el apoyo a quienes, llegados a los cargos de dirección y poder, tienen la delegación de escoger a funcionarios de vital importancia para lograr un mejor país. Ya en estas instancias el constituyente primario es un recuerdo y empieza el accionar individual de cada elegido por saciar su vanidad social, la desmesurada ansia de solucionar definitivamente su situación económica, eslabonándose negativamente con quienes pudieran favorecerlo ante sus abusos cometidos en el ejercicio del poder que se le confirió.
Tan irresponsables somos en la vigilancia de esos elegidos que hasta nos convertimos en defensores de sus pésimas y deshonestas actuaciones, o nos tornamos indiferentes ante la situación de no poder hacer nada frente a esos desafueros, pues sabemos que entre ellos se tienden la mano para encubrirse y todo termina dilatándose en el tiempo del olvido o perdonado por quien necesita su voto para elegir a sus protegidos. La danza de los favores recíprocos.
Adicionalmente, cuando son sorprendidos en actuaciones que nadie quiere defender por lo evidente de las implicaciones, deciden iniciar una vil defensa para no perder las delicias disfrutadas en el poder, sin pararse a pensar el daño que causan entre la comunidad a la majestad del cargo que ejercen.
¿Un sistema judicial transparente y sin corrupción? A nivel de justicia todos callan, ni siquiera un pronunciamiento, pues no quieren ofender a quien los impulsó a las instancias de confort que disfrutan.
¿Órganos de control eficientes? Todos sus titulares con el sueño de llegar a ser candidatos presidenciales se hacen los de la vista gorda cuando el funcionario corrupto puede garantizarle un buen aporte a la ecuación matemática de la sumatoria de votos. Sólo atacan a quien pueda constituirse en rival con posibilidades de disputarles sus pretensiones.
¿Un Legislativo con dinámica para defender los intereses de los bienes que son de todos los colombianos? Menos. La supuesta mayoría que se opuso a la venta de Isagén sólo quedó en eso, pues, aparte de miembros de la oposición y algunos senadores y representantes, nadie evitó la voracidad oficial.
Reitero, aprendamos a escoger a quienes nos representan, dejemos esa manida costumbre de someternos a propuestas que período tras período hemos confirmado que son falsas. Utilicemos bien esa invaluable sumatoria de voto tras voto que nos brinda la ley, para escoger y determinar que sean los mejores quienes nos van a dirigir, sobre todo para evitar esa calificación de Estado corrupto en que hemos sido clasificados, y por lo visto sin oportunidad cercana de salir de esas funestas listas, elaboradas por instituciones de carácter internacional.