Congresistas, nivelados por lo bajo

Antieditorial
22 de julio de 2018 – 09:00 p. m.

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Por Hernán Velandia Palomino

El editorial de ayer se asemeja a una plana de castigo que debe repetirse muchas veces, con la diferencia que debe ser entregada cada cuatro años y, aunque siempre se diga lo mismo en cada posesión, la corrupción tiene una dinámica de crecimiento sin precedentes con el agravante que cómo ellos detentan el poder en las tres ramas, todo queda en la impunidad. Eligen presidente, se eligen ellos mismos y manipulan los nombramientos de la Rama Judicial.

De lógica que este Congreso, con contadas excepciones, no puede ser ajeno a los escándalos, porque ellos son los protagonistas principales del saqueo al país y, de no cambiar, llegará el día en que los colombianos no nos dejemos asustar más, tomemos conciencia y veamos la posibilidad de sacarlos definitivamente para que no acaben con las ilusiones de nuestra sociedad.

Nada hay que estudiar sobre la actuación de los congresistas, la línea de mando o estructura jerárquica a nivel nacional, regional y local están manipuladas por ellos, generando corrupción e imposibilidad de un verdadero cambio, entronizando el sistema mencionado del “yo te voto, tú me ayudas en la región”.

Otra utopía del editorialista la tenemos todos los colombianos: “disputas ideológicas no clientelistas” serán imposibles desde que los partidos dejaron que sus parlamentarios olvidaran defender sus principios con tal de conservar sus puestos y seguir participando del festín presupuestal. Por eso están en el nivel más bajo de las encuestas sobre honestidad.

La única unión a la que estamos acostumbrados los colombianos, cada gobierno que pasa, es la que establecen las instancias de poder para usufructuar impunemente los recursos que harían de Colombia un país moderno y con mejor calidad de vida de sus ciudadanos. Y esto no es ser pesimista sino realista, por la experiencia de años y años de malos gobiernos que, aunque dejan cosas positivas para su imagen, en nada benefician al colectivo social.

Ya vemos las presiones para la constitución de las directivas en las cámaras, desde el inicio ya demuestran sus intereses personales. Y lo único que podemos esperar los colombianos es que de acuerdo a cómo actúe este nuevo parlamento, seamos capaces de cambiar nuestra cultura política y dejemos de recibir beneficios mínimos en épocas de comicios electorales, creyendo en “mercados mágicos” que presuntamente durarán cuatro años.

En cuanto al tema de la paz, sí se debe dar continuidad al proceso para que llegue a feliz término, sin dejar de lado las modificaciones que realmente tengan que realizarse, debido a la excesiva mano laxa del gobierno saliente, con tal de obtener reconocimiento personal.

Ojalá la oposición al gobierno sepa aprovechar de manera eficiente y eficaz toda las posibilidades para tratar de controlar el accionar parlamentario y directivo del orden nacional, regional y municipal, olvidándose de la gritería insulsa y solo diciendo “no”, sin proponer ninguna solución, recordando que perdieron las elecciones por lo cual no deben arrogarse al decirle al nuevo gobierno qué debe o no hacer. Ojalá todo cambie.

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