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Por Héctor Castaño
“Si alguien se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieren. Han de ser muertos; sobre ellos caerá su sangre” (Levítico 20, 21, 13).
En el año anterior (2016), una joven profesora de un prestigioso colegio cristiano de Cali intervino con la coordinadora del plantel para resolver la situación de acoso contra dos pequeños alumnos que manifestaran claras inclinaciones gais. Con total seguridad, la superiora dio por cancelado el asunto con la frase: “Profesora, la homosexualidad es abominación”. Por supuesto, al año siguiente ni la profesora ni los niños hacían parte del plantel.
En su editorial del 1º de abril, “La prohibición de los Testigos de Jehová en Rusia”, este periódico toma partido, con argumentos muy superficiales, por un grupo evangélico ruso. En él expresan su desacuerdo con el hecho de que en Rusia, “a través de las leyes se presten para atropellar a quienes piensen diferente”.
Ilusoriamente, en aras de la libertad y la democracia, abogan por el derecho a que ideologías del odio puedan expresarse libremente y “poner sus cartas sobre la mesa”, y digo ilusoriamente porque, en general, los apologistas del odio no ponen sus cartas sobre la mesa, no juegan limpio, recurren a todo tipo de falsedades y manipulaciones para ofrecer su “verdad”, y cuando ya logran suficiente poder dentro de la sociedad, emplean todos los recursos para imponer sus verdades fundamentalistas.
En Colombia y el mundo estamos viendo una irrupción política de los cristianos y sus iglesias, alineados con la extrema derecha. Su fundamento ideológico está, entre otros, en el Viejo Testamento, un tratado de intolerancia, odio, misoginia, venganza y violencia atroz. ¿Serán ellos tan tolerantes y democráticos cuando controlen el poder de la sociedad? No más miremos las actitudes del exprocurador Ordóñez. Aquí cabe la gran pregunta: ¿les permite la ley a los pastores hacer y dirigir políticamente a sus creyentes con una licencia legal sólo para el ejercicio religioso? Sólo el MIRA ha sido consecuente en esta situación.
El editorial desconoce que en Europa es un delito negar el Holocausto. Que en Alemania y otros países están prohibidos los partidos nazis. En los Estados Unidos fue prohibido el Ku Klux Klan. ¿En cuál país occidental se puede hacer apología al Isis? Un exceso de “liberalismo”, o mejor, de debilidad institucional, les abrió la puerta a los nazis en Alemania.