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En respuesta al editorial del 2 de marzo de 2024, titulado “Un sistema de salud en crisis de hostilidad”.
Aunque el llamado al diálogo es loable y, sin duda, la álgida polarización debe ser enfrentada y se deben buscar soluciones a las dificultades detectadas, el editorial parece asumir que todo el asunto se resuelve como un simple acuerdo de voluntades. Pero justamente el problema es más de fondo, porque existen no solo diversas visiones frente a las dificultades a resolver, sino también hay diferentes intereses en juego que hacen complicado el establecimiento de acuerdos entre los actores.
Como se sabe, las EPS y muchos de quienes defienden el actual sistema de aseguramiento sostienen que el problema central es que los recursos no alcanzan y, por eso, si se actualiza la UPC y se les pagan las deudas todo podrá mejorar sin mayores cambios. Por su parte, el Gobierno nacional y muchos otros actores sostienen que los problemas son más estructurales y que lo que está en juego es el control de los dineros públicos y el fortalecimiento de la red pública. Por eso, en opinión de estos, se requieren cambios importantes como el giro directo y una nueva organización del sistema sanitario que, por demás, privilegie la atención primaria en salud.
Con diagnósticos tan distintos y propuestas tan dispares, no es suficiente con reconocer que todos los actores involucrados comparten que el sistema tiene “un serio problema de financiación”. Claro que hay que reconocer dicho problema, pero hay que profundizar en él e indagar mucho más acerca de por qué la discrepancia entre expertos. Y aquí resulta importante establecer un mayor equilibrio en el escenario de discusión y asumir que hay expertos en ambos bandos.
Hasta ahora, mucho de lo que se presenta en los medios de comunicación es una polémica distorsionada, donde se acentúa la perspectiva de que hay unos personajes técnicos que discuten con otros personajes políticos, así que mientras unos saben los otros son ignorantes en el tema. Y dependiendo de la inclinación ideológica de cada medio de comunicación, la razón y el compromiso técnico se le atribuyen ya sea al Gobierno o a la oposición (aunque hay que decir que hoy prima el apoyo de los medios a la oposición).
Se hace necesario, por tanto, cambiar el formato en que se presenta la polémica y hacer un balance menos sesgado frente a las razones que llevan a unos y otros a proponer soluciones distintas. Y se requiere, además, hacer preguntas incómodas: ¿por qué, después de tantos años, no se tienen sistemas de información adecuados que permitan tener claridad frente al manejo de las cuentas en salud? ¿Por qué resulta tan complicado saber la cantidad exacta de las deudas y el manejo que se les da al dinero público? ¿Qué tanto de la insostenibilidad del sistema se debe a la total dependencia científica-técnica en temas estratégicos como la producción de medicamentos, los insumos médicos y la formación de personal especializado? ¿Por qué resulta tan difícil establecer condiciones dignas de trabajo en el sector de la salud?
Considero que adelantar una discusión en torno a estas y algunas otras preguntas es esencial para cualificar el debate e informar a la opinión pública. Enfrentar con altura estas discusiones puede aminorar las hostilidades y abrir el camino para nuevos planteamientos que ayuden a solucionar nuestros complicados problemas sanitarios.
*Profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.