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Lo que ha logrado la Ley Orgánica de Comunicación en Ecuador es no permitir que, en nombre de la libertad de expresión y de prensa, se calumnie a alguien en un medio de comunicación (sea la víctima el presidente, un opositor suyo o cualquier ciudadano ecuatoriano), mentira mediática que se difunde masivamente como cualquier chisme, atentando contra la dignidad humana, pues un medio informativo lo acusa de algo que no hizo y el pueblo manipulado empieza a tomar partido contra la víctima, algo muy injusto.
Por ejemplo, los rumores no se deben difundir, sino sólo delitos comprobados, y se deben presentar las dos orillas de manera igualitaria; esto para proteger la integridad de las personas, pues hay falsas acusaciones presentadas como ciertas.
Por su parte, el presidente Correa no permite censurar opiniones que no calumnian, pues la gran mayoría de la prensa ecuatoriana le hace oposición sin que se vean afectados sus derechos. Sólo cuando mienten, como cuando llamaron al mandatario “genocida”, o cuando dijeron que “ordenó fusilar un establecimiento”. A la calumnia no se le puede llamar opinión, la libertad de expresión no debe tener esos superpoderes malvados.
Por supuesto, la crítica de la prensa beneficia a la democracia y al buen gobierno o labor política que necesita un estricto control y vigilancia, pero la calumnia es uno de los peores atentados a la democracia, porque engaña a la gente y distorsiona la verdad, incitando a tomar equivocadas decisiones. Por rumores falsos que asegura la prensa, muchas campañas de políticos independientes se han destruido; y lo más triste es que la rectificación inminente ante los chismes, que son difundidos en muchas ocasiones por intereses corruptos, llega después de las elecciones, cuando ya de nada sirve. La prensa debe abrir la posibilidad a casos de persecución de quienes juegan sucio, y de esta manera no caer en su juego; se necesita ética y profunda investigación.
En un verdadero Estado social de derecho se castigan delitos, no personas, y nadie está por encima de otras personas. Aquel que cometa la cobardía de calumniar, no importa si es un periodista, político, bombero, etc., debe ser castigado, así tenga mucho dinero o poder. Lastimosamente, los medios de comunicación han querido pasar por encima de la ley y, cuando llega un presidente que lo cambia todo y hace que cada ciudadano sea igual ante la ley y se proteja su dignidad, empieza el desespero de ya no poder difamar impunemente.
Todo ciudadano necesita que la prensa defienda los intereses de todos y no de las pocas familias (y sus aliados políticos y económicos) que tuvieron para comprar medios de comunicación en la gran mayoría de países de Latinoamérica, negocios privados con fines de lucro y de defensa de intereses. ¿La gente se merece que su derecho a la información esté así de secuestrado, donde no se le informa sino se le cuenta lo que les conviene a los jefes de los medios de comunicación? ¿Por qué se persigue gobiernos alternativos como el de Correa y no se dice nada de las verdaderas violaciones a la libertad de expresión en potencias mundiales? En Alemania metieron presas a 20 personas por propaganda nazi, para dar un ejemplo de tantos que hay.
Imparcialidad, objetividad, ética, independencia y respeto; eso es lo que necesita el periodismo.
Carlos Andrés Caputo Rodríguez. @CaputoRodriguez