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En respuesta al editorial del 2 de diciembre de 2021, titulado “La pandemia no atendida de la salud mental”.
El editorial “La pandemia no atendida de la salud mental” hace un diagnóstico del impacto psicológico a nivel mundial con base en una investigación publicada en la revista The Lancet. También señala la responsabilidad de un sistema de salud que no brinda atención oportuna a las personas con problemas y trastornos mentales, y maltrata laboral y salarialmente a los profesionales de la salud mental. El editorial cumple la necesaria función de alertar sobre la deprimente situación que estamos viviendo. No obstante, se queda corto.
Hay en el artículo vacíos en dos aspectos, que si bien pueden explicarse por la limitación del espacio, no mencionarlos deja en el lector una sensación de incertidumbre y desesperanza. En primer lugar, el editorial no presenta datos sobre la realidad particular de la salud mental en Colombia y esos datos existen. Tampoco avanza en el análisis de las razones de fondo que explican la dramática situación de una población en riesgo de toda clase de desequilibrios psicológicos, ni en proponer respuestas para confrontar con éxito la tragedia que ya vivimos y que se hará aún más dramática en el futuro próximo. Más aún, la conclusión: “Estamos en mora de encontrar la vacuna para esa pandemia”, parece anunciar una solución exclusivamente farmacológica a un problema que es multicausal y el cual, la evidencia ha demostrado, está asociado en primera instancia con la pobreza y las inequidades sociales.
En Colombia la pandemia no ha afectado a todos los habitantes por igual. El grupo poblacional más afectado emocional y mentalmente por la pandemia de COVID-19 es el de las mujeres jóvenes (18 a 29 años) de bajos ingresos. Una de cada dos mujeres en este grupo (53 %) presentó riesgo de depresión. El 45 % presentaba riesgo de somatización (reacciones como problemas del sueño) y el 40 %, de ansiedad.
Por su parte, la comunidad LGTBIQ+ presentó la más alta prevalencia de riesgo de depresión (56 %), la más alta prevalencia de sentimientos de soledad (48 %), la más alta prevalencia de somatización (41 %) y la más alta prevalencia de ansiedad (40%). Otros afectados severamente son los pobladores del Amazonas y la Orinoquia. Si se tiene como referencia la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2015, el porcentaje aproximado de colombianos con indicadores de ansiedad se ha triplicado y con depresión se ha duplicado, en concordancia con resultados similares a los reportados en el estudio Solidaridad de Profamilia al inicio de la pandemia y a los de la encuesta Pulso Social del DANE.
En suma: se afecta más la salud mental de quienes más angustia sufren al enfrentar la pandemia con pocos o ningún recurso, quienes están más aislados o son más discriminados. No en vano, el 64,2 % de los colombianos confían poco o nada en el Gobierno nacional para resolver los problemas de la pandemia. Solo contamos con que el 96,4 % de los participantes en el estudio presentan niveles altos de resiliencia
* Psicólogo, Ph.D. en Salud Pública.