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Elegir como padre

Antieditorial
31 de julio de 2016 – 03:06 p. m.

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Cuando los mal llamados debates, como señala el editorial, son dominados por los extremos de la política colombiana, incluyendo al editorialista, se pierde la raíz o la causa de la discusión y se pasa a los insultos o a los agravios personales, dejando de lado el tema de fondo.

Por Alfredo Orozco

Escuché atónito por los medios de comunicación las declaraciones de la diputada de Santander y la respuesta del viceministro de Educación. De entrada, el trato dado por los periodistas a la diputada fue agresivo e intolerante, y el dado al viceministro fue complaciente y amable. El sesgo comienza desde el momento en que encasillan a las personas por su opinión, entre liberales de raca mandaca y conservadores de la caverna. Especialmente, cuando lo que predican los liberales es la libertad de pensamiento y de opinión para todos y dicen respetar las creencias de cada cual. Nada más falso e hipócrita.

Entrando en el asunto de fondo, el tema del bullying en los colegios, porque el fondo del asunto es ese, se ha transformado nuevamente en una lucha política y en una discusión por las defensas de las minorías LGBTI. El trágico caso de Sergio Urrego, típico caso de bullying, en esta ocasión por su condición sexual, lo viven muchas otras personas por ser gordas, bajitas, feas, blancas, negras, lentas, tener gafas, ser autista, gago, tener algún defecto físico o motriz, etc., etc. No hay que llamar al grupo de investigación de El Espectador para averiguarlo.

Habiendo dicho esto, las medidas que debe tomar el Ministerio deben estar encaminadas a enfrentar el bullying, en todas sus facetas, y no ser usadas para “educar” a niños de primaria diciéndoles que el sexo no es una condición física, sino que es “una elección y que pueden explorar”. Aunque lo nieguen en público, implícitamente ese es el mensaje. Solo hay que revisar la entrevista del viceministro en W Radio para comprobarlo. A mí como padre de familia esto me parece muy peligroso, y no quiero que la educación de mi hija se oriente de esa manera. Tengo derecho a decirlo y a pensarlo y no por eso me pueden encasillar en uno de los dos bandos enfrentados como lo hace este editorial furioso.

Como padre de familia me asiste todo el derecho a no estar de acuerdo, y no lo estoy, no por ser homofóbico, como señalan a todo el mundo en este país intolerante, cuando alguien no está de acuerdo con las ideas liberales que nos gobiernan desde Bogotá en todos los frentes (ej. castrochavista, enmermelado, de la caverna, mamerto, etc.), sino porque creo que el problema del bullying no se da únicamente con niños LGBTI (¡en primaria, qué locura hablar de esto!) sino en muchísimos casos más, como lo mencioné anteriormente. El Ministerio de Educación debe diseñar políticas y manuales para combatir todos los casos de bullying y no solo los que afectan a la población LGBTI. Esa es la queja de los padres de familia, el sesgo para proteger a las minorías y el abandono de las mayorías, ya que asumen, equivocadamente creo yo, que somos el enemigo. 

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