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En respuesta al editorial del 30 de diciembre de 2021, titulado “¿No importa el autoritarismo creciente de China?”.
Con diversos pretextos, occidente ha irrumpido en China en forma violenta. Primero fue Portugal, en 1514, y después Inglaterra. Este último, en 1793, exigió la apertura de puertos, invadió las islas Zhoushan y contrabandeó gran cantidad de opio, induciendo la drogadicción en la población china. En 1839, China confiscó y quemó gran cantidad de esa sustancia e Inglaterra reaccionó con la Guerra del Opio. Al ganarla, tuvo acceso al territorio de Hong Kong y al pago de indemnizaciones mediante el Tratado de Nanking. Portugal se había apoderado de Macao en el siglo XVI.
En 1895, tras perder una guerra con Japón, China cedió Taiwán. Japón la invadió en 1931 y 1937: mataron a 35 millones de chinos, produjeron más de US$600.000 millones en pérdidas y realizaron la espantosa masacre de Nanking (1). En 1945, China logró triunfar sobre la agresión japonesa y Taiwán le fue devuelta. En 1949 se fundó la República Popular China (RPC) y Chiang Kai-shek, líder nacionalista que se había retirado a Taiwán con cerca de dos millones de chinos, no reconoció a la RPC.
El problema de la invasión de Hong Kong y Macao fue resuelto mediante la propuesta de China llamada “un país, dos sistemas”. En 1997, recuperó la soberanía sobre Hong Kong y dos años más tarde sobre Macao. Ambos territorios son administrados por los mismos naturales.
Henry Kissinger anotó que, “según Pekín, Taiwán es una provincia renegada, que constituye el último vestigio del siglo de la humillación” (2).
Taiwán —a donde huyeron los nacionalistas chinos después de la derrota ante los comunistas en 1949— sigue siendo, según Pekín, una provincia rebelde que debe ser reunificada tarde o temprano (3). La RPC ha desplazado a la República de China (Taiwán) de diferentes organismos internacionales como la ONU.
Colombia fue uno de los últimos países de Suramérica en establecer relaciones diplomáticas con la RPC. El comunicado conjunto se firmó en febrero de 1980 en Nueva York. Colombia reconoció al gobierno de la RPC como el único gobierno legal de China y reafirmó además que Taiwán era parte inalienable de la RPC. La anterior afirmación implicó la ruptura de relaciones diplomáticas de Colombia con Taiwán.
Se acordó establecer las relaciones bajo los cinco principios de coexistencia pacífica formulados por China: respeto mutuo a la soberanía, no agresión, no intervención en los asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica (4).
A la pregunta del editorialista, debemos responder entonces que un país que ha sacado de la miseria a 800 millones de personas en 40 años (5) y se acerca a ser la primera potencia mundial no tiene por qué hacer caso de las lamentaciones de quienes atropellan, en nombre del capitalismo y su fingida democracia, a las naciones pobres del mundo. Hace falta revisar la historia para entender el comportamiento de China. Ya lo dijo Napoleón: “Cuando China despierte el mundo temblará”. Y hoy el mundo está temblando.
Referencias
1) “Historia de China”, pág. 207, Cao Dawei y Sun Yanjing, China Intercontinental Press.
2) “China”, pág. 169, Henry Kissinger, Editorial Debate.
3) Excelsior.com.mx, 27-10-2021.
4) “Aproximación a China”, Pablo Echavarría, Fondo Editorial Universidad EAFIT.
5) DW, 05-03-21.