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Hacer juicios de valor moral constituye un sofisma

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En respuesta al editorial del 27 de septiembre de 2023, titulado “El discurso de Uribe contra Uprimny es reprochable y peligroso”.

Rodrigo Uprimny o Álvaro Uribe, ¿quién de los dos puede ser graduado de adalid de la moral política de Colombia? En un país políticamente complejo como el nuestro, hacer juicios de valor moral constituye un sofisma para la opinión pública.

Evidentemente, los graves errores cometidos por las fuerzas del orden durante el mandato de Uribe Vélez son producto de una política guerrerista que, necesaria o no, fue lo que el pueblo colombiano eligió en las urnas y respaldó, así lo ratificaban las encuestas de la época, por ocho años de mandato.

Moral o inmoral, fueron los colombianos, en su sana mayoría, quienes eligieron este camino político. Recordemos cómo las actuaciones de los grupos violentos, que parecían intocables y pretendían conformar un Estado paralelo en el marco de la ilegalidad, indujeron a los ciudadanos de a pie a escoger un proceso político que infligiera el más grave daño a quienes, en armas, pretendían desestabilizar el país.

Hablar de moralidad en desarrollo de un conflicto interno resulta llamativo, pues la historia nos ha enseñado que ninguna guerra es moral. Así pues, resulta un verdadero sofisma lo expresado por el columnista Rodrigo Uprimny.

Es por ello que resulta justificada, desde el punto de vista político y moral, la respuesta del expresidente Uribe, pues la orden que impartió como comandante en jefe de las Fuerzas Militares, hasta donde la historia lo demuestra, estuvo circunscrita a emprender una ofensiva total contra los grupos insurgentes, nunca atacar a la población civil ni mucho menos que esa ofensiva se hiciera al costo que fuera, al punto de ordenar acciones militares indistintamente de si caían personas ajenas al conflicto.

Es precisamente este el centro del debate: es la orden impartida la que debe ser objeto del juicio moral y no su implementación, como erróneamente lo establece el columnista, pues su concreción escapa del resorte moral de quien imparte la orden. En tal sentido, cuando se emite una orden de carácter militar, esta se materializa en manos de terceros, que moralmente pueden apartarse de la instrucción recibida, como en efecto sucedió.

Así las cosas, si bien no se justifica que Álvaro Uribe advierta que el columnista “podría ser uno de los responsables morales y políticos del terrorismo por sus posturas”, no menos cierto es el hecho de que el sofisma planteado por Rodrigo Uprimny pretende dejar en tela de juicio el actuar moral de una persona que, como se ha demostrado, lejos de adelantar acciones inmorales, lo único que hizo dentro de la estructura de nuestro Estado social de derecho fue impartir una instrucción para recuperar el orden público, nunca dio la orden de afectar a civiles o recuperar la paz ciudadana al costo que fuera, como lo sugiere el columnista; de allí que resulte reprochable tildar de amoral a quien procedió dentro de la sana lógica legal, política y moral.

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