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En respuesta al editorial del 4 de noviembre de 2022, titulado “¡Bienvenido el servicio social para la paz!”.
Adhiero a su excelente editorial, así como a la reciente columna de Catalina Ruiz-Navarro sobre el tema y a la postura del senador Humberto de la Calle, entre otros congresistas. Sin embargo, creo que con el enfoque que se está dando al proyecto de ley se limita el anhelado y positivo impacto pacificador y se pierde una oportunidad de oro.
Considero que todos los ciudadanos —hombres y mujeres— a quienes se haya brindado la oportunidad efectiva de educarse, al llegar a su mayoría de edad y concluir una etapa de su capacitación o estudio, deberían prestar un servicio técnico o profesional obligatorio (Sertepro), trabajando para una institución pública (o privada compatible con las cualidades y características del Sertepro, mediante convenio, ante insuficiencia de capacidad en las estatales nacionales, regionales o locales) en el campo laboral concorde a su preparación o formación, a menos que continúen estudiando en etapa superior. Esto, para fortalecer la presencia del Estado en diversas formas y dimensiones, propiciar el desarrollo nacional y elevar la calidad de vida en toda Colombia. Esta propuesta es una alternativa al servicio militar, al que podría optar solo quien lo desee.
Se postergaría sucesivamente la prestación del servicio a quien quiera y pueda seguir formándose en lo técnico, tecnológico, profesional, científico o artístico, en niveles cada vez más altos. Prestaría el servicio cuando detenga su capacitación o formación. Para estimular a los jóvenes a capacitarse cada vez más, el prestador del servicio obtendría diversos beneficios en la medida que sea más alto su nivel educativo logrado: (a) Su trabajo sería reconocido como la experiencia que suele exigirse a los solicitantes de empleo. (b) Entre más avanzado el nivel de estudio o capacitación, sería menor el tiempo de servicio y mejor su salario. (c) Obtendría alivios e incentivos tributarios cada vez mayores. (d) Se le entregaría certificación equivalente a la libreta militar.
El cumplimiento de este servicio técnico, profesional o artístico lo desarrollaría el joven en el lugar al que sea asignado, de acuerdo con las necesidades concretas de las regiones o localidades. El Estado velaría por brindarles créditos blandos, becas parciales o gratuidad a quienes, con demostrables aptitudes y capacidades pero sin recursos, quieran continuar sus estudios.
Con esta propuesta se pretende fomentar y estimular la preparación superior para que a las regiones y a las comunidades necesitadas urbanas o rurales, en especial las apartadas, llegue gente preparada con altos niveles en los diversos campos del saber humano, con el fin de fortalecer la presencia del Estado en todo el territorio nacional y elevar la calidad de vida de esos lugares. Y así posibilitar, desde la acción civilista, la terminación definitiva de conflictos armados y la construcción sólida e irreversible de la paz total, tan anhelada. Y que esos jóvenes conozcan mejor las maravillas y deficiencias de su país, al que podrían aportar con lo mejor de ellos, para su propio orgullo y satisfacción.
* Arquitecto, M.Sc., profesor universitario.