Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
MIENTRAS NO SE LLAMEN LAS COSAS por su nombre, no habrá solución, pues la crisis financiera del “sistema de salud” parte del uso equivocado que se dio al término “salud”con la Ley 100 de 1993, origen del perverso e insostenible sistema actual, que vendió la idea de “salud para todos” mediante la implementación de absurdos como el de la “salud subsidiada”, a pesar de que la salud, como un estado o como un bien, no se puede comprar ni vender, y mucho menos subsidiar.
Bajo tan miope mirada del complejo proceso salud/enfermedad se cambió la propuesta de la Organización Mundial de la Salud, la “salud para todos”, por la “atención médica para todos”, sin importar su calidad. Se diseñaron entonces unas Empresas Promotoras de Atención Médica (EPAM), pues a eso se dedican desde entonces, llamándolas erradamente “Entidades Promotoras de Salud”, aunque no desarrollan significativas acciones derivadas de tan pomposo nombre.
Se diseñó también un sistema de aseguramiento —al que llaman “Sistema de Salud”— de pésimo diseño, pues haciendo un símil con el seguro de vehículos, paga hasta rayones, incluso a los estratos más pudientes de la población. Para complicar más el asunto, no tuvieron en cuenta la autonomía de los médicos, ejemplificada “magistralmente” por el excesivo número de cesáreas, ni la codicia de las farmacéuticas y de algunos negociantes que crearon “IPS” por todo el país, ni la habilidad de los corruptos, que también se han beneficiado del esperpento legislativo, sumando a ello la falta de gobernanza, demostrada por el aprovechamiento que del sistema han hecho hasta los paramilitares.
Mientras ocurre todo esto, y en medio de la obligada crisis financiera derivada de tan caótico diseño, la añorada salud para todos no se ve por parte alguna, realidad manifiesta por las interminables filas de enfermos que acuden a diario a la multitud de “servicios de salud” construidos por todo el país a partir de “la reforma”, ratificando así la sabia sentencia de Rudolph Virchow, padre de la medicina social, que aunque obvia, fue completamente ignorada por los “reformadores”: “Para dar salud, el problema no radica en la construcción de más hospitales o más clínicas, sino en unas profundas reformas económicas, políticas, laborales y sociales”. Es que salud —tampoco lo sabían— es mucho más que ir donde un médico y recibir una receta, a veces tan innecesaria como dañina.
Como consecuencia de tan aberrantes “soluciones” para los problemas de salud, especialmente los de los más pobres, utilizados para “socializar” tan perversa ley, tenemos niños con “salud subsidiada” y vacunados con costosos preparados de dudoso costo-eficacia, mientras sobreviven en tugurios completamente insanos, sin acueducto y alcantarillado, algunos de ellos aguantando hambre hasta morir.
Pensar que tenemos capitales de departamento con grandes carencias de un elemento tan indispensable para la salud como el agua potable, y que los recursos adicionales que se propongan, incluido el famoso impuesto a las gaseosas, irán a parar a ese barril sin fondo que se inició con la Ley 100.
Luis Fernando Gómez U.