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En respuesta al editorial del 26 de diciembre de 2022, titulado “Cambia el pico y placa, y seguirán los trancones”.
El editorial expresa una parte de la problemática que hoy vive la ciudad en términos de movilidad, pero, como muchas políticas sobre el tema, no es integral.
Medidas como el pico y placa nacieron con el propósito de liberar una carga importante de vehículos en la “hora pico” para facilitar la movilidad, pero “hecha la norma, hecha la trampa”, ejemplos sobran y excepciones a la norma también.
Se requiere liberar las calles de vehículos, especialmente ahora que gran parte de la ciudad está en obras, eso implica que se deben restringir las excepciones: incluso los vehículos híbridos y eléctricos “hacen bulto”, las motos abarrotan las calles, los camiones de carga transitan a cualquier hora y todos estos complican la movilidad. Ni se diga del denominado “pico y placa solidario”, que no es otra cosa que pagar por congestionar.
Las medidas deben ser integrales y ecuánimes, no sólo pensadas en restringir y perjudicar a unos y favorecer a otros; en enero se dispararán las ventas de motos y carros híbridos, y otros tendremos que resignarnos. No se evidencian estrategias integrales que realmente saquen de las calles los vehículos, motos y camiones. Incluso el pago solidario debe ser reconsiderado o quizás modificado; si la Alcaldía de Claudia López no quiere perder esa mina de oro, cobren por circular en las “horas valle”, no en las “horas pico” (cobrar por transitar de 9 a.m. a 3 p.m., por ejemplo, y después de las 7 p.m.).
La ciudad necesita moverse, es una condición sine qua non de su desarrollo económico actual y futuro. Hoy los trancones en Bogotá van de noche a noche, ya ni siquiera de sol a sol.
* Ph. D.