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Lo necesario era prevenir

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En respuesta al editorial del 19 de julio de 2023, titulado “Ante el dolor de la tragedia en Quetame, es necesario actuar”.

Discuto por plañidero y subjetivo el editorial de El Espectador.

Plañidero, porque no se trata de lamentaciones de última hora ni de convocar ilusoriamente a que “el país” rodee a las víctimas, sino de implementar políticas preventivas.

Subjetivo, porque alguna lección objetiva debió quedar de la tragedia de Quebrada Blanca y porque, como muy bien lo dice el titular de la noticia de El Espectador sobre el mismo tema, los problemas en la vía al Llano son una historia sin fin.

El “aumento súbito e incontrolable de la quebrada El Naranjal” debió prevenirse hace muchos años canalizando el cauce y construyendo las obras útiles y necesarias que respetasen las imposiciones de la historia y de la geografía, o sea, la tendencia del comportamiento ambiental.

A estas alturas resulta vano suponer que cuando se reconstruyó la vía a Villavicencio —con los túneles, puentes y obras de contención, etc., que hasta el día de la tragedia funcionaron— se implementaron mecanismos de prevención de los efectos del comportamiento climático que siempre ha sido agresivo, pero no impredecible en sus consecuencias.

Cabría recordar una película histórica sobre el emplazamiento que le hacía algún parlamentario uruguayo al gobierno moribundo de Jorge Pacheco Areco (tan pacheco y tan areco y tan sin pueblo detrás, le increpaba Mario Benedetti) diciéndole: “Yo no sé si ustedes conocían o no conocían lo que estaba pasando, pero sea que lo conocieran o que no lo conocieran, ustedes no son dignos de gobernar el país”.

Gobernar es prevenir, no con la imposible pretensión de conocer el futuro sino con base en registros históricos y numéricos, metódicamente almacenados y confiables; que hubieran permitido construir con anterioridad, sobre todo en este caso particularmente sensible, los diques de contención, la canalización de las quebradas, la conformación de terrazas para la ubicación de los vivientes de la zona, etc., en lugar de esperar a que todo ocurra para ponernos a llorar sobre la leche derramada.

Cuando en los años 80 presté mis servicios al entonces Ministerio de Obras Públicas, escuché las expresiones del ingeniero Roberto de Angulo quien, a propósito de los pliegos de condiciones de las licitaciones públicas para la construcción de carreteras, decía: “No se metan a desviar las quebradas porque las quebradas son vengativas y al paso de los años la quebrada va a recuperar su curso y tendremos los puentes en el suelo y los pilotes en el aire para nuestra vergüenza”.

Debe reintroducirse el criterio de lo público en el manejo no solo de las obras públicas, sino también de tantas otras cuestiones de interés común en la vida de las gentes, como la salud, la vivienda, el agua potable, el saneamiento ambiental, la recreación etc., hoy contaminadas por las tales leyes del mercado y el afán de lucro.

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