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Los debates también son trampas

Antieditorial
04 de octubre de 2015 – 03:09 p. m.

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Si bien es cierto que la participación en los debates previos a las elecciones es una muestra de democracia y en ellos afloran las debilidades y fortalezas de los candidatos —punteros o no en las encuestas—, también es cierto que la práctica de estos debates lleva a los diferentes opositores a crear estrategias desleales para desdibujar la imagen de quien en franca lid —y con denodado esfuerzo— ha logrado conquistar la buena voluntad de la ciudadanía.

Casos se ven donde, utilizando la inexperiencia de jóvenes que participan en las campañas, o el recalcitrante apego partidista de sus seguidores adultos, los candidatos perdedores en las estadísticas los motivan a crear organizaciones con fachada de independientes y autónomas para que, a nombre de la democracia y la participación ciudadana, programen debates amañados en favor de su candidato, quien previamente conoce las respuestas, paga el alquiler del lugar y los refrigerios, llena el auditorio con sus seguidores y recibe aplausos de estos hasta por errores o falsedades que nada tienen que ver con el beneficio colectivo de la comunidad. ¡Hasta ordenan silencio total cuando sus opositores tienen derecho a la palabra para quitarles importancia a sus propuestas!

Las estrategias de la política electoral actual son tan amplias y tan maquilladas que todo indica honestidad y transparencia, pero en el fondo es una lucha interesada y personal de quien quiere hacerse con el poder y el control del presupuesto para su beneficio personal y de sus más cercanos amigos, olvidando durante los cuatro años de su administración a quienes le acompañaron con su presencia, gritos y aplausos.

Habrá debates transparentes e independientes, pero es casi imposible lograr estas características porque su organizador o sus organizadores siempre tendrán un gusto o preferencia por alguno de los nombres en contienda.

Sin desconocer los grandes encuentros nacionales de confrontación de tesis partidistas y la exposición de estrategias programáticas, diseñadas por instituciones educativas de gran reconocimiento donde el ejercicio trata de ser puramente académico, por lo menos lo expuesto se estila en el concierto local o municipal.

Muchos municipios no se escapan de estas desleales e interesadas prácticas antidemocráticas, donde la vieja guardia política, exalcaldes y eternos e inútiles concejales, que nunca se interesaron por el mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos, no crearon un auténtico sentido de pertenencia, ni lograron el desarrollo de la infraestructura municipal y jamás rindieron cuentas por su acelerado mejoramiento económico, se agrupan y financian a quien les brinda mejores posibilidades de seguir usufructuando el presupuesto de los ciudadanos por medio de contratos y prebendas. Eligen su marioneta y luego la ponen a bailar al ritmo de su conveniencia, mientras la comunidad sigue en su larga espera de engaños hasta las próximas elecciones.

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