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En respuesta al editorial del 28 de julio de 2023, titulado “No más palos en la rueda del metro de Bogotá”.
El metro que Bogotá necesita es subterráneo, es un modelo comprobado en todos los continentes. Los mejores metros son subterráneos y por obvias razones: liberan espacio, reducen la contaminación visual y auditiva en la superficie y, además, tienen mayor capacidad y velocidad que los metros a nivel o elevados.
No estamos hablando de una ciudad pequeña o intermedia, hablamos de una de las ciudades más grandes de América Latina y una de las zonas urbanas más extensas del planeta (también hay que tener en cuenta que la conurbación no dejará de avanzar). Por eso, se requiere un metro de gran capacidad que sea capaz de unir rápidamente una ciudad de las dimensiones de Bogotá.
Si bien ya se inició la construcción de un metro elevado, esto no quiere decir que debamos agacharnos y aceptar resignados que tendremos un metro que no responde a las necesidades de la ciudad (millones de personas que necesitan recorrer rápido grandes distancias).
Un metro elevado, como el que se construye, estructurado para ser alimentador de Transmilenio, contribuyendo al caos urbano con trenes por los aires encima de las ultracongestionadas troncales de Transmilenio, puede ser una pesadilla de dimensiones colosales para la ciudad más grande, rica y poblada de Colombia. Sin lugar a dudas, con el metro elevado habría más ruido y congestión en la superficie: ¿queremos eso? Y no hablemos de las estaciones: ¿se imaginan el gentío que se formaría en una estación de Transmilenio interconectada con una estación de metro? ¡El ideal para los delincuentes que solo saben aprovecharse de las aglomeraciones! No pasaría lo mismo si una estación está soterrada y la otra a nivel, sencillamente habría más orden y espacio.
¡Un metro subterráneo implica cambios drásticos en los planes actuales de movilidad, pero son cambios para bien! No es un capricho, se busca la mejor opción para la ciudad. ¿Es más costoso? Posiblemente, pero se trata de tener la mejor opción, no la más barata, además los réditos a largo plazo cubren con creces la inversión.
El presidente Petro hace bien en insistir en el metro subterráneo. No podemos dejar que el metro de Bogotá sea el que estructuró un promotor de buses que antepone el interés propio y el de sus socios al de todos los bogotanos y por extensión los colombianos.
De igual manera, el momento para insistir en el metro subterráneo es ahora, antes de que el esperpento de metro elevado termine de imponerse. Lo que está demostrando Petro es que de verdad quiere a Bogotá y se niega a condenarla a vivir eternamente en un caos de movilidad. Los bogotanos y colombianos deberíamos seguir el ejemplo del presidente y exigir lo mejor y más conveniente para la ciudad.
No se trata de meter palos en la rueda, como dice el editorial de El Espectador, ¡se trata de hacer que tengamos la mejor rueda!