Publicidad

No son brotes, es una percepción negativa y generalizada en amplios sectores de las sociedades latinoamericanas

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

En respuesta al editorial del 29 de septiembre de 2021, titulado “El peligro de los brotes de xenofobia”.

La xenofobia está creciendo a escala mundial. Turquía recibe ingentes recursos para contener a más de 3,5 millones de migrantes sirios que añoran llegar a la Unión Europea, pero la inmensa mayoría de los europeos no los quieren. El mar Mediterráneo y la frontera entre los Estados Unidos y México son los mayores cementerios de migrantes desde hace décadas.

Necoclí (Colombia) ha albergado más de 14.000 migrantes mientras buscan llegar a Panamá en su tránsito hacia los Estados Unidos. Las violaciones a su dignidad los acompañarán a lo largo del camino. Las iglesias católica y protestante en Centroamérica pueden dar fe de los vejámenes que padecerán. La mayoría de estas personas migrantes imaginan solo una parte de los enormes riesgos y penalidades de los que serán víctimas.

Por ejemplo, las personas haitianas que proceden de Chile dicen que estos padecimientos son menores a los sufridos en las sociedades con las que interactuaron. Lo que nos hace pensar: ¿cómo han sido tratados a diario? Vale la pena documentar testimonios de niñas y niños migrantes en los colegios, pues la mayoría no van; sería un claro indicador para demostrar que no son situaciones aisladas, sino una conducta que adquiere un carácter sistemático.

Desde Colombia hasta los Estados Unidos, irán por un camino plagado de criminales, algunos con uniforme. Este no es un tema de ahora, ha ido creciendo con los años: en 2005, las autoridades migratorias mexicanas aplicaron una política muy severa de control y verificación, llegando a 247.000 detenciones. En casi la totalidad de los casos se constataron atrocidades, como lo documentó la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en particular, sobre el trato que recibieron las mujeres migrantes.

En 2009, un adolescente de 16 años de origen colombiano en Otavalo fue quemado vivo acusado de robo. Era el tercer caso, pues el 7 de abril de 2008 ya habían sido incinerados por una turba otros dos colombianos acusados de asesinato.

En la actualidad, en los países de la región con altas tasas de migración, incluida Colombia, con 1,8 millones de migrantes, la xenofobia es mayoritaria frente a la xenofilia, dejando un amplio espacio a la indiferencia y una creciente discriminación. Ahora la percepción negativa de los migrantes convive en la mayoría de los hogares. Como experto en migraciones internacionales, quisiera pensar que son casos aislados, pero desafortunadamente no es así. A medida que crece la migración indigente crece su desaprobación, a lo que se suma la aporofobia (el odio al pobre).

En Chile, donde ocurrió la quema de las pocas pertenencias de un grupo de migrantes venezolanos, entre los que había mujeres embarazadas y niños, ante su angustia, los residentes prefirieron grabarlos con sus celulares en vez de auxiliarlos. Situaciones similares se repetirán de manera constante, afectando la convivencia ciudadana, por lo que se deben tomar medidas urgentes contra la creciente xenofobia y el tráfico y la trata de migrantes.

*Ph. D. Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido