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Por Norman Augusto Mesa Lopera
Claro que puede ser lastimoso el hecho consumado de que el Centro Democrático no hubiere participado en la elaboración del Estatuto de la Oposición, pero es bien rescatable para el país pensante que siquiera uno de los partidos no afectos al Gobierno procediera con decencia y coherencia, y el CD –equivocadamente o no– siempre, desde los primeros anuncios del gobierno Santos de iniciar conversaciones con las Farc, y fiel a su proclama de cero concesiones a ese grupo armado al margen de la ley, mantuvo su postura.
No solo este Estatuto de la Oposición, sino tantos actos del gobierno y de los demás poderes públicos –el mismo fast-track como herramienta para aligerar procesos en el Congreso– y que se ejecuten en nombre de los acuerdos con ese grupo armado, quedarán lisiados y en la memoria colectiva de la actual oposición, como que fueron producto más de la claudicación del Estado y el temor del gobierno de turno, que del altruismo que debe acompañar la verdadera conquista de paz entre los colombianos.
Aún nos dolemos de que la doctora Clara López Obregón, con pinta de presidenciable, hubiera malogrado esta oportunidad única para ella y su Polo Democrático Alternativo al desdibujar una ideología —que podemos o no compartir— para unirse como ministra de Trabajo y Seguridad Social a un gobierno a todas luces contrario a ese pensamiento. De haber permanecido la excandidata en la oposición en firme, hoy al lado del senador Robledo estaría robusteciendo positivamente el abanico de reales opciones 2018-2022.
Y a propósito de los espacios en medios de comunicación para la oposición, a estas alturas se pregunta uno si el hecho de que a las aplastantes mayorías habrá que agradecerles ese estatuto como medida de compensar el uso y el abuso que este gobierno hizo de la pauta publicitaria oficial evidentemente descarada tanto en las presidenciales de 2014, como en los previos a la jornada electoral del 2 de octubre pasado, en la primera para favorecer al presidente candidato Santos y en la segunda para que ganara el Sí, cosa que no se dio.
Que exista Estatuto de la Oposición puede ser bueno para la democracia, pero que sea el resultado de la falta de voluntad de gobiernos casi todos con mayorías en el Congreso desde 1991, y coincida con el manifiesto deseo del actual de blindar por todos los costados unos acuerdos que a más de la mitad de los colombianos no convencieron, deja un sinsabor.
Por eso mismo es que hay que celebrar que el uribismo, en actitud monolítica y disciplinada, no desdibuje su pensamiento y se mantenga firme aun cuando las tempestades traten de opacarlo, y el que no participaran de los debates para sacar adelante ese Estatuto de la Oposición entrega un mensaje claro a los colombianos demócratas de que con o sin estatuto, estando o no en mayorías, el pensamiento ideológico será lo único que permanezca inamovible en ese grupo político.
Oposición sí… estatuto también, pero que la dignidad y la coherencia no se ausenten del camino.