Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con profunda indignación leímos el artículo del periodista Guillermo Galdós, titulado “Vírgenes a la venta en Colombia en ‘el burdel más grande del mundo’”, escrito que hace referencia a la ciudad de Medellín, ciudad natal de su columnista Pascual Gaviria Uribe y que fue publicado en medios británicos y replicado en las redes sociales.
Nos imaginamos el dolor que están sintiendo los antioqueños ante tales afirmaciones y nos atrevemos a decir que compartimos el sentimiento, pues nosotros, la comunidad raizal de Providencia y Santa Catalina, lo sentimos con la columna “Noticia de Providencia”, publicada en las páginas de El Espectador, el pasado 9 de septiembre, producto de la pluma del ya mencionado abogado antioqueño Pascual Gaviria Uribe.
Los dos escritos, si bien son de naturaleza distinta, cometen un error común: meter dentro del mismo saco a toda una comunidad. “Vírgenes a la venta en Colombia en ‘el burdel más grande del mundo’” sería un capítulo del capo de Medellín, y “Noticia de Providencia”, en palabras de Gaviria Uribe, sería un capítulo para el capo del Caribe.
Somos una comunidad respetuosa de la libertad de expresión, no esperamos que se convoque a ninguna consulta previa para que puedan escribir sobre nuestra realidad, ni más faltaba. De hecho, en las islas sólo se han realizado unas pocas consultas para algún proyecto, pero definitivamente debemos rechazar artículos y columnas que si bien apuntan a una problemática bien conocida por el pueblo raizal, exponen la realidad más que con análisis y buena información, con profundo odio. Estas dos características se sienten tanto en la columna “Noticia de Providencia”, como en la respuesta que Gaviria Uribe le da a la carta de la Veeduría Cívica de las islas. Si a las plumas se les pudieran imputar cargos, el que le imputaríamos a la pluma de los señores Gaviria y Galdós sería el de crímenes de odio, pues lo único que logran es la estigmatización de comunidades que no hacen otra cosa que luchar por salir adelante.
Dice el señor Gaviria en su columna: “Allá todos tienen la misma sangre y la misma bilis, se pueden abrazar en las tardes y disparar en las noches”. Vaya por Dios… En los últimos 26 años Providencia ha registrado dos asesinatos, los dos en hechos que sí tienen que ver con el narcotráfico, un fenómeno traído por el continente a nuestro territorio con premeditación y alevosía. Será que este número amerita que se nos califique como una comunidad gatillera.
Las islas, desde hace muchos años, han sido motivo de disputa, pero desde hace 34 años, desde que triunfó la revolución sandinista, han sido objetivo expansionista de la nación centroamericana y, mientras Nicaragua luchó disciplinadamente ante el tribunal de La Haya para lograr sus propósitos, Colombia se dedicó a exterminar una comunidad que le estorba, de la que tan sólo necesita su territorio, no sus pobladores.
En 1996 sufrimos una campaña de desprestigio muy parecida a la que ahora protagonizan plumas como la de Gaviria Uribe. Producto de ella cayó completamente el turismo, fuente principal de la economía isleña, pues la pesca y la agricultura son dos renglones que sistemáticamente han ido desapareciendo a instancias de los gobiernos de turno. Sólo fue hasta octubre de 2005 y, como consecuencia del huracán Beta, que los ojos del continente se volvieron a poner sobre la comunidad raizal, y ello porque los grandes operadores turísticos buscaban la forma de entrar a nuestro territorio.
Visiones como las de Gaviria Uribe para lo único que sirven son para justificar la intervención a comunidades como las nuestras y acabarlas. No estamos acostumbrados, como los paisas, a que nos estigmaticen, tampoco creemos que escritos como “Noticia en Providencia” sea el antídoto social, preferimos el relato a la simple descalificación.
En las páginas de El Espectador siempre hemos encontrado eco y hospitalidad para contar a los colombianos sobre nuestra realidad, esperamos que siga siendo así. Sabemos que la posición de los columnistas no refleja el pensamiento del medio de comunicación.
Señores de El Espectador: háganle saber al señor Gaviria Uribe que no vemos razón para dialogar con quienes sólo ven lo malo, es una distancia irreconciliable. No podemos hablar con quienes contribuyen con la campaña de exterminio de la cual somos víctimas hace décadas.
Por: Movimiento de Veeduría Cívica Old Providence ‘Padre Martin Taylor’, en honor a su espíritu de lucha. *