Publicidad

Suficientes y necesarios poderes

Antieditorial
19 de junio de 2016 – 09:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El editorial de El Espectador, “¿Demasiados Poderes?”, aunque tímidamente alega no presumir la mala fe de los policías, sí deja un sinsabor porque el título como tal, así lo sugiere.

Por Norman Augusto Mesa Lopera

Se trata del nuevo Código de Policía, que actualiza a las circunstancias de hoy el de 1971, y lo deja pendiente de conciliación con el Senado y de sanción presidencial.

La sociedad —animada muchas veces por la prensa a la que respeta y escucha— parece estar muy pendiente de las facultades que a los organismos legales se les concedan, pero nunca advierten que a la delincuencia, al mal vecindario, al pésimo comportamiento ciudadano de algunos, no hay lazos que amarren como para su accionar, violentando los derechos de los otros que sí observan moderación a la hora de comportarse en comunidad.

Tal parece que del nuevo Código de Policía se hubiera tomado nada más el caso de aquellos vecinos que con el volumen de su música —y los desafueros normales que puede implicar— entorpecen el dulce sueño de los demás. ¿Cuántos buenos ciudadanos habrán tenido que abandonar su barrio por un vecino así? ¿Qué pensarán ellos de esta ley?

“La historia nos ha demostrado que en lamentables situaciones el abuso de la autoridad ha servido para victimizar a personas indefensas ante la discrecionalidad de agentes oficiales”, claro que sí, en eso hay acuerdo con el editorial, pero esa no debe ser excusa para protestar por las facultades, pues así las cosas, entonces más bien que tener una Policía maniatada, mejor sería no tenerla, y acudir a la buena voluntad de la gente para que adiestrados con la urbanidad de Carreño o el libro del Padre Gaspar Astete, le regalen de buena gana un poco de civismo y buen comportamiento a la comunidad.

La humanidad —y Colombia en particular— deberá entender que a las fuerzas del orden, las mismas que deben acudir a la coerción, hay que respaldarlas, y no se puede ser cicatero a la hora de darles facultades, pues aquellos, los malos ciudadanos, cada vez ganan más terreno en legalidad y protección de sus derechos, en detrimento de la sana convivencia a la que debe apostar el Estado.

Que las leyes salgan del Congreso completamente digeridas es un imposible, y por eso mismo se vienen después los decretos reglamentarios que van logrando paulatinamente el acomodo a las circunstancias de tiempo, modo y lugar, teniendo siempre presente el espíritu mismo que sirvió de cimiento la ley. En eso debemos tener confianza, y seguramente a medida que entre a regir la nueva ley, y se evidencien fallas, el Ejecutivo podrá moldearla para hacerla en la práctica, benéfica para el logro de una sociedad en paz.

Bienvenido pues ese nuevo Código de Policía, aún con los vacíos que pueda presentar. Ya habrá tiempo de corregirlos.

“Los gobiernos pasan, las sociedades mueren, la Policía es eterna” Honoré de Balzac.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido