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Un “frankenstein” legal y político

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En respuesta al editorial del 21 de octubre de 2021, titulado “Un apoyo a la reactivación… del clientelismo”.

Para poder controvertir el editorial de la edición del jueves 21 de octubre, titulado: “Un apoyo a la reactivación… del clientelismo”, había que necesariamente esperar la reacción que tan importante tema calaría en los diferentes estamentos del acontecer nacional.

Pero parece como si el país estuviese anestesiado ya de cualquier evento que este régimen produce y que sabe de antemano que solo es esperar a que pase la reacción inicial para que se convierta en parte integral del paisaje cotidiano. Semejante aberración jurídica, que va en contravía de todo lo legalmente establecido, merecía que un periódico como El Espectador se apartara del consabido popular término con el que finaliza el título, ahondara en las repercusiones que tiene semejante orangután, que descaradamente y sin sonrojarse metió la clase política en la Ley de Presupuesto, y lo integrara a los otros no menores simios que se movían por otros terrenos, como el DANE paralelo, que sacó del sombrero la juvenil revelación del registrador vaticinando cinco millones de votantes fantasmas en marzo y mayo del próximo año, acompañada de su acomodada reforma electoral y los cambios con nombre propio en los requisitos para fiscal.

Salvo contadas valientes voces —como la de la exministra Cecilia López Montaño, quien señala con el dedo a prominentes nombres como el ministro de Hacienda, de quien se esperaba una ortodoxia y seriedad propias de un exrector de uno de los centros educativos más antiguos del país—, prevalecen el silencio o las tibias y convenientes reacciones del ramillete de más de 50 “prominentes” aspirantes a suceder al primíparo pero obediente presidente que estará hasta el 7 de agosto del 2022. Qué decir de la denominada esperanza también proveniente de la academia, quien demoro ocho meses en atender el clamor de la juventud estudiantil que salió a las calles en las manifestaciones para renunciar a la rectoría de la primera universidad privada el país, con un eco tan tibio como el de su contrincante de la anterior elección.

Los centros de estudios económicos, tributarios y jurisprudenciales con ese cómplice silencio, los “ciudadanos preocupados” con demandas y tutelas ante un notorio prevaricato de los legisladores que la votaron (salvo la demanda ante el Consejo de Estado por parte del representante Germán Navas Talero), y la muda alharaca de los llamados opositores del gobierno, que mojan prensa y radio todos los días sin la menor transcendencia. Y la denominada Primera Línea, que salió a tumbar una reforma tributaria y se adormeció ante el adefesio de una aparente simple modificación a la Ley de Garantías, que se salta desvergonzadamente toda la arquitectura legislativa y legal del país, a sabiendas de que se caerá en la Corte Constitucional cuando solo será un saludo a la bandera sobre hechos cumplidos.

Esto sí ameritaba que el pasado 28 de octubre el hipócrita y convencional Comité del Paro realizara una convocatoria a celebrar movilizaciones, frente a la notoria autoprotección de todos los estamentos del establecimiento para garantizar su supervivencia. O este frankenstein legal y político es exterminado, o apague y vámonos.

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