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Kamachovsky, así se llamaba el sociólogo polaco que cautivaba con su compleja teoría social. Kamachovsky era, sin embargo, un sociólogo polaco muy singular: no había nacido en Polonia, no tenía padres polacos y no había vivido en ese país.
Los estudiantes tardamos mucho en darnos cuenta de que este deslumbrante sociólogo era el mismísimo Álvaro Camacho. Muchos aún hoy creen efectivamente que existe un sociólogo polaco llamado Kamachovsky: “Sí, el de la teoría social que vimos después de Habermas , ¿no se acuerda?”.
Sólo la mente brillante y los inconfundibles gestos de Álvaro logran volver realidad una ficción tan evidentemente ficcional. No sólo un profesor, académico, director de tesis y amigo; también un artista, un perpetuo comediante.
No me extiendo más con estas palabras, sé cuánto detestabas la “incontinencia verbal” de las nuevas generaciones. Como solías pedirlo, seguiré apoyando la “Asociación de locutores sordomudos”…
Gracias Álvaro por dejarnos un legado de risas, una comedia que enseñaba, criticaba y amaba.
Camilo Sánchez. Bogotá.
Una relación sentimental
Hoy, leyendo el periódico del que soy suscriptora hace más de 20 años, veo cómo connotadas periodistas están criticando el que Viviane Morales, fiscal general de la Nación, haya reanudado su relación con el señor Lucio, y ven muy inconveniente el que lo haya hecho. Dicen que este señor estuvo preso. En un país donde la impunidad ha reinado por muchos años, él ya pagó su pena; también que fue un guerrillero: él entregó las armas cuando se dio amnistía al grupo al que pertenecía. Flaco servicio le hacen al país las periodistas que cuestionan a la señora fiscal mostrando recelo porque su pareja es un exguerrillero y escriben que posiblemente comenta los casos con él. Creo que toda persona que tiene una relación estable puede comentar de su trabajo con la pareja (en su caso sin violar la reserva del sumario). De no ser así, ni los magistrados, ni los jueces ni ningún funcionario del sistema judicial podrían tener compañero sentimental. Estos cuestionamientos me recuerdan aquello que dice que las mujeres somos las más inflexibles jueces de su género, creo que este es un claro ejemplo: especialmente las mayorcitas no aceptan que una mujer joven y valiente esté brillando con luz propia y por lo tanto se le tiene que endilgar el que haya regresado con su exmarido. Creo que Felipe Zuleta tiene toda la razón al escribir que no es conveniente meterse en las sábanas de las personas, y termina su columna con las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “El que este libre de pecado que tire la primera piedra”: Juan Cap. 8,9.
Carmen Maldonado. Bogotá.