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Apreciado Diego.
Hace ya casi 20 años trabajamos codo a codo en el IDU bajo la dirección de dos grandes profesionales, la doctora Eunice Santos y el ingeniero Carlos I. Gutiérrez. Eso hizo que se despertara en mí una gran admiración por su trabajo y desempeño profesional, amén de un gran aprecio, razón por la cual mucho me alegré cuando la alcaldesa Claudia López lo designó como director de la entidad, lo celebré y me sentí muy confiado. Confianza en usted, que a la fecha no he perdido. Dicho lo anterior, hoy veo con preocupación un titular de El Espectador que dice: “Corredor Verde, están casi listos los prepliegos” y eso me motiva a escribirle.
Una vez posesionada la alcaldesa, uno de sus primeros anuncios fue la construcción de un “Corredor Verde” en la carrera séptima, sin que tuviéramos claridad sobre qué quería decir. La explicación de su proyecto fue vaga: muchos árboles, amplias áreas para ciclo rutas, prioridad peatonal, “no habrá Transmilenio por la carrera séptima” y del tráfico mixto (motos, automóviles, taxis, vehículos de servicio) no se habla.
Me referiré específicamente al tramo comprendido entre la calle 94 (parque del Chicó) y la calle 28 (Mueso Nacional). Han pasado casi 4 años y la foto con la que soñó la alcaldesa no resulta. Lo primero que le dañó la foto a la dra. Claudia López es que había que incluir el tráfico mixto en el proyecto; sin embargo, usted y sus contratistas, de la mejor buena fe y con el ánimo de darle gusto a la alcaldesa, en las imágenes que hoy se muestran, por ningún lado incluyen el tráfico mixto, ni mucho menos los cuatro componentes juntos que harían parte de este proyecto urbano: buses verdes, que para no mortificarlo no llamaré Transmilenio, ciclorrutas, vías peatonales y calzadas de tráfico mixto. Se ven bucólicas imágenes en donde aparecen, como únicos usuarios de la vía, los peatones: por ejemplo, una niña con una mano en la de un adulto y la otra en un globo de inflar, disfrutando de la delicia de espacio público.
¿Por qué en las imágenes no toman como referencia nuestra realidad: La peatonal de la séptima en el centro de Bogotá? Cuadras enteras de ventas de ropa de segunda y toda clase de cachivaches tirados en el piso impidiendo la circulación peatonal, la señora con una olla enorme en la que cocina chicharrón cocho que entrega a sus comensales en una hoja de papel periódico, o la fila de humeantes asadores de mazorcas y pinchos (¡De qué carne por Dios!). O el pregonero, quien con grabación continua y buen parlante, anuncia su mango biche con sal. ¿Y las Secretarías de Salud y Ambiente? Ahí.
Sus imágenes, sin duda las mismas que se mostraron en Holanda ante quienes jamás se han parado en la séptima, son engañosas. Por más que la alcaldesa repita con vehemencia que “no construiremos un Transmilenio por la séptima”, eso es. Si hay un bípedo que tiene patas de pato, cola de pato, pico de pato, camina como un pato y hace cuac, es un pato, mi querido Diego. Lo que se ve en las imágenes y que la alcaldesa describe con entusiasmo es muy distinto a lo que se vería y viviría. Para su pesar, se puede parecer mucho a la troncal Caracas con la adición de la séptima peatonal. Esa es nuestra realidad.
Cuando la dra. Claudia López se refiere al “transporte particular” espero lo haga más por ignorancia del término técnico: tráfico mixto, que por su consuetudinario desprecio a las familias que con tanto esfuerzo pagan mes a mes las cuotas de su carro, ya sea para salir en familia los fines de semana o para salvaguardarse de los riesgos de la calle, es un grupo del que ella se excluye con inocultable demagogia y discriminación, presentándose siempre como ciclista. De paso. ¿Le creemos? Al exalcalde Peñalosa me lo he cruzado decenas de veces en las ciclorrutas bogotanas. A ella jamás antes de su alcaldía. Ahora no puede, lo entiendo.
Porfa, Diego, aclárele a la alcaldesa que lo que ella llama “transporte particular” incluye taxis (cerca de 90.000), camiones de basura, de reparto y motocicletas (medio millón). Fácil desaparecerlos en los renders, imposible en la realidad.
Dice la alcaldesa en su detallada presentación (minuto 19) que a la séptima con 94 llegan 1.200 carros: no nos dice en qué periodos, a qué horas, ni tampoco qué día de la semana. Dice que, de estos, ninguno seguirá por la séptima: ¡plop! Dice que 800 tomarán la circunvalar y que 400 la once, vía calle 94 (por Dios, ¿cómo lo supo?) Ojo, aquí habrá 400 carros en fila en la esquina de la once esperando para cruzar al sur. De eso no se habla.
La once, aunque hace parte del “proyecto urbano integral”, no parece estar diseñada, a pesar de que será esta la que, junto con la Circunvalar, permitirá que en el costado occidental de la séptima a partir de la 92 y hasta la 28 solamente se proyecte una vía para el tráfico mixto y que esta será compartida con peatones; siete kilómetros que la alcaldesa compara con los 200 metros que hay frente al Centro Internacional y a la que el subdirector del IDU llamó en un foro en la U. Nacional, “la más polémica del proyecto”. No, Diego, no es polémica. No funciona y punto, ni siquiera en el render.
Desde la 94 hasta la 28 hay 53 intersecciones viales (las conté); a esas 54 manzanas súmeles, calculando por lo bajo, tres accesos a predio por manzana (vamos en cerca de 200 posibles interrupciones de la fila de carros) y en cada manzana, calculemos también por lo bajo, edificios de cuatro pisos cada uno con un carro por apartamento u oficina, 12 carros por predio, es decir un total de 850 automóviles con derecho propio a utilizar la séptima; a eso le tendremos que sumar los que la alcaldesa en la 94 no mandó por la séptima, que, a pesar de que los haya desaparecido en el discurso, ahí estarán.
Llama la atención que, si bien la adecuación de la once es parte integral de este “conjunto de obras” y base principal para el cabal funcionamiento del Corredor Verde, esta no esté diseñada. Nos la han contado, eso sí; el asunto es que el urbanismo no se expresa con cuentos, se expresa con planos.
Dice la alcaldesa en su presentación que a la once le dará un carril adicional para el tráfico mixto haciendo un “reperfilamiento chiquito” que será el resultado de quitarle al separador y a los andenes de cada costado. Es decir, si el carril mide tres metros en un cálculo aproximado, se necesitará quitarle un metro a cada uno de los andenes (oriente y occidente) y un metro al separador. Me refiero al separador que es el que mejor conozco. Los gigantescos urapanes que hay en él no aguantan que se les quite un solo centímetro, lo digo como responsable que fui de la arborización de Bogotá durante tres años. No se llamen a engaños, Diego.
Pero eso no es todo. El cuento llega hasta la 82 con cuatro carriles, que se entregan a tres en ese punto sin tener ni idea qué pasa de ahí para adelante. Suponemos que el tráfico llega a la calle 64 donde se encuentra con el Parque de Lourdes y hace un doble giro de 90 grados en menos de 50 metros para tomar la carrera 13, otro bastión indispensable, ha dicho la alcaldesa, para el cabal funcionamiento del Corredor Verde. Me gustaría conocer la respuesta de un experto sobre este punto específico, por ejemplo, Darío Hidalgo.
Compara, no creo que con ingenuidad, los 200 metros de calzada compartida entre carros y peatones del Centro Internacional con los siete kilómetros que hay desde la 94 hasta la 28 diciendo,entre otras, que a los predios del Centro Internacional se accede sin problema por esta vía. Eso es falso, Diego: soy vecino del Centro Internacional y todos los predios del Centro Internacional acceden por la carrera 13.
Cierro con una de las que considero más graves consecuencias que, para mí, tiene el Corredor Verde, cuyo argumento más utilizado o más bien el único para convencer a quienes aquí vivimos de la urgente necesidad de éste, es el nombre: “Corredor Verde”. No se necesitará más para darlo por indiscutible.
La ciclovía dominical, de esa no habla ni la prensa, ni mucho menos la administración. Se necesitaron tres derechos de petición al Instituto Distrital de Recreación y Deporte para que, después de dos evasivas y confusas respuestas, me respondieran el 4 de abril de este año: “se están realizando mesas de trabajo con la Gerencia del Corredor Verde, el IDU y la Secretaría Distrital de Movilidad con el fin de plantear, por parte del IDRD, la opción más segura y cómoda para los usuarios que transitarán por el corredor verde en la Ciclovía dominical y festiva”. Traduzco: “No tenemos ni idea, con tendencia a que desaparezca.”
Esto es importante porque, según cifras del IDRD, un millón y medio de personas utilizan la ciclovía cada domingo, esto es el 20 % de quienes aquí vivimos. Visto de otra manera, si en Bogotá hay 2,8 millones de hogares, en la mitad de estos por lo menos uno de sus miembros sale el domingo a la Ciclovía y, claro, la que más gusta, la primera y la más representativa justamente por el corredor que ocupa, la calle real, la de todos, la que nos une, la más antigua con la salida al occidente (calle 13) vía de Bogotá. La que desde abajo acaricia el diamante longitudinal que cierra este altiplano por el oriente, nuestros maravillosos cerros, desaparecerá para la Ciclovía. Para quienes vivimos en sectores como el centro o Chapinero, la conexión (léase el acceso) al sistema de ciclovías desaparece, es decir, perdimos ese delicioso espacio de recreación y de encuentro. Grave, no solamente se pierde este recorrido lineal, se pierde para nosotros el acceso al sistema y, para los demás usuarios, la continuidad del circuito.
Sin otro particular me despido de usted, deseándole lo mejor para usted y para la ciudad.
Suyo sinceramente,
Enrique Uribe Botero.
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