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Al margen del conflicto

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Unos pocos oligarcas que gobiernan para sí mismos, aparentando un humanitarismo que ignoran y, por lo tanto, no practican y un pueblo imbecilizado, que olvida en segundos los engaños de ese grupito de bandidos instalados en los tres poderes del Estado. Porque si la corrupción campea en el Congreso, el Poder Judicial no es impoluto y mucho menos el Ejecutivo.

No se entiende cómo ciertos compatriotas alardean de estar marginados del conflicto social y armado que se vive en Colombia. Con semejante actitud demuestran su apatía ciudadana, pues equivale a confesar que no les interesa su patria y que por ello no participan en la búsqueda de una solución racional para poner fin a la guerra.

Quizá parte de ellos sienta garantizados todos sus derechos humanos y goce de una plácida existencia alejada de los puntos neurálgicos de la confrontación armada. Pero por lo menos el 80% de sus compatriotas, aunque no pueden vanagloriarse de tan idílica y utópica felicidad, cual cacatúas bien adiestradas, repiten las justificaciones de su clase gobernante, a través de los medios, propiedad de ella misma, atribuyéndoles a las guerrillas el origen de la violencia extendida por todo el país.

Decir esto incomoda a quienes saben de sobra el origen de la violencia en Colombia.

Ningún compatriota puede marginarse del conflicto. Es una realidad que nos afecta a todos. La guerra se consume la mayor parte del Presupuesto Nacional mientras son mínimas las partidas asignadas a otros sectores importantes. Nuestra juventud, en lugar de entrenarse en el oficio de matar, debería estar estudiando, produciendo, desarrollando sus mejores aptitudes corporales e intelectuales.

La clase dueña ahora del poder debe dejar de mentir y reconocer que es preciso reestructurar el Estado y construir uno muy diferente al actual, basado en la solidaridad, la igualdad y la inclusión social, y que para ello deben reducirse sus enormes privilegios, de los cuales se apoderó, arrebatándoselos a los estratos inferiores de la sociedad.

Para lograr lo anterior se precisa reducir a la mínima expresión la desigualdad social mediante la redistribución de las riquezas, la mayoría de ellas acaparadas ilícitamente por terratenientes, genocidas, corruptos y delincuentes de todo tipo, y una reforma agraria integral que entregue parcelas suficientes y productivas a quienes demuestren estar interesados en la producción agropecuaria, más los necesarios insumos y asistencia técnica.

Amable lector, ¿se considera usted un marginado del conflicto armado?

Libardo García. Bogotá.

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