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En ocasiones nos sentimos tan tristes, vacíos e incluso de mal genio, y no sabemos el porqué. Muchas veces atribuimos este tipo de cosas a estrés laboral, al caos de la ciudad o incluso a las situaciones adversas que nos pasan en la vida cotidiana. Es entonces cuando nos relacionamos entre nosotros y creamos ambientes hostiles, malentendidos y frialdad.
A pesar de que muchas veces queremos resolver estas situaciones con palabras vagas o de la manera más razonable posible, hay algo que les falta más a nuestras acciones y es amor. En estos tiempos estamos acostumbrados a la conformidad, a la indiferencia. Si das mucho amor, entonces eres un torpe. Entre menos amor des, eres más inteligente y haces las cosas bien. ¿En qué momento nos acostumbramos a menospreciar el afecto de otro? Me refiero a que muchas veces nos sentimos vacíos, porque en un mundo donde nos acostumbramos a la frialdad hace falta amor, y no me refiero a un amor conyugal, de pareja. El amor está en todos lados: en una sonrisa, una mirada, en ayudar al otro, en un abrazo, en el silencio. No nos damos cuenta de que hasta en los actos de servicios más pequeños lo podemos ver. Normalicemos comprender al otro y tener responsabilidad afectiva con los demás. Si no nos diera miedo demostrar amor, podríamos ir cambiando la vida entre nosotros. Incluso para muchas personas que sienten que tienen un mal día o que todo les está saliendo mal, un acto de amor sería como una cura a sus males. No tengamos miedo a demostrar, a amar, a sentir, a vibrar.
Muchas personas huyen al recibir amor, les da miedo, y puede ser entendible por alguna experiencia previa; sin embargo, todos merecemos amor incondicional de alguna manera: las plantas, los animales, los humanos. Ser amor en medio del caos es lo que necesitamos para ser más felices, si lo hacemos podemos marcar la diferencia y de cierta forma hacer la vida más amena.
Michelle Vanessa Romero Lozada.