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Quiero aunar mi voz a la de los distinguidos columnistas de El Espectador que han manifestado su gratitud al presidente saliente, Juan Manuel Santos, por haberse jugado todo su capital político para lograr la firma del Acuerdo de Paz. Con los defectos de todo gobierno al hacer el balance de gestión, el actual no escapó de grandes fallas en varios aspectos que han sido analizados por expertos, unos muy acertados, otros exagerados, y no faltaron las falsas apreciaciones que desvirtuaban lo bueno. Sin embargo, estos ocho años se tornan valiosos por todo lo que se ha obtenido a la fecha en medio de tanta hostilidad.
Para ser gratos no es necesario ser santista, como lo entiende el común de los políticos del país, ni ser antisantista para reclamarle lo que no cumplió o lo que queda pendiente. Simplemente hay que observar la dinámica del panorama nacional y mirar el vaso medio lleno. Sí, muchos presidentes, quizá todos, intentaron en menor o mayor grado llegar al punto que llegó Juan Manuel Santos; lo que no se ha podido asimilar es que lo haya logrado él con un amplio reconocimiento internacional que se tradujo en el Nobel de Paz. Se obnubilan al punto de no verse como parte del largo proceso y parte vital del éxito, por el que había que pasar para la culminación de la primera gran etapa. Tuvimos que vivir mucho tiempo de frustración en frustración y quizás eso fue lo que fortaleció la búsqueda de nuevas estrategias que funcionaran. Y funcionaron… al fin.
Con el nuevo gobierno comienza también otra importante etapa que se ha denominado de implementación. La responsabilidad es grande y los nuevos protagonistas no podrán quedarse rumiando los peros y las peras que se vociferaron en la campaña política. Por el contrario, el reto de ellos será traducir en acciones reales y positivas todas las críticas que con o sin fundamento se hicieron durante estos largos años de oposición. Tampoco podemos quedarnos en la eterna discusión, en el interminable debate. Ahora les toca lidiar el toro en la arena donde hay que jugarse la vida segundo a segundo; y vivirán la diferencia de haber mirado el espectáculo desde la tranquilidad y comodidad de la barrera con todas las posibilidades de chiflar y burlarse. Ya lo verán…pero deseamos que el cuatrienio a iniciarse sea exitoso para bien de todos los colombianos.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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