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Por cualquier lado que miremos a Colombia, encontramos el inmenso caos que Gustavo Petro recibe. ¡Estamos nerviosos, apabullados con tanta inseguridad y tantos problemas! La gente se queja de que Petro nada ha hecho, a la vez que lo percibimos atareado en organizar el país, con sus macroproyectos: lograr la paz total, promover alimentación campesina, eliminar el hambre, trabajar con y por las mujeres, adelantar diálogos de puertas abiertas, brindar educación para todos, erradicar la violencia, luchar contra la corrupción, no deforestar, desarrollar la industria en el campo, cumplir la Constitución, proteger el suelo, el subsuelo, el mar, los ríos, el cielo y el paisaje…
Ante la serie de desafíos expuestos, reconozco mi capacidad de análisis y objetividad, de poner las cosas en su preciso lugar, y encuentro que sí podemos superar esta situación, empezando por detectar y atacar las causas de la desesperanza. Del narcotráfico proviene esta ola de violencia, inseguridad y violaciones de derechos humanos. Felizmente, tenemos al alcance la fórmula para enfrentar el desafío del significativo cambio de la muerte a la vida, usando lo que nos domina para el bien común, empezando por el real reconocimiento de que la tierra es generosa al darnos tanta riqueza. Debemos valorar nuestro pujante patrimonio: la coca, la marihuana, la amapola y demás hierbas consideradas sagradas por las etnias indígenas, que las han utilizado por milenios sin causarse daño ni causarlo a nadie ni al planeta. Pero las llamamos hierbas ilícitas, subvalorándolas , erradicándolas, sustituyéndolas, eliminándolas: ¡acabando con semejante riqueza! El nombre determina el concepto, el criterio, la actitud, la acción, ante el sujeto u objeto en referencia. Lo ilícito es el mal uso que astutos e inescrupulosos narcotraficantes han hecho de ellas, causando un daño enorme a la humanidad; ¡por esto son hierbas de uso ilícito! Lo extraño es que ellos se enriquecen, dominando y acorralando hasta al imperio, a pesar de la persecución, la fuerza y el poder del Estado y hasta de EE. UU. sin poder vencerlos. Es incomprensible que con esa misma materia prima nuestro Estado no se enriquece, siendo señor y dueño de ellas. Es él quien debiera apropiarse de su patrimonio: utilizar los inventos científicos y tecnológicos para descubrir sus ricas e insospechadas propiedades. Puede cultivarlas, explotarlas, procesarlas, industrializarlas y comercializarlas con fines farmacéuticos, cosméticos, alimenticios, medicinales, etc. El utilizar la marihuana medicinal nos demuestra que sí podemos darles otros destinos humanitarios y útiles. Dado nuestro fracaso con la lucha antidrogas, conviene independizarnos del imperio. Enriquecernos, pagar la deuda externa, que no se pagó a pesar de la imposición del cruel neoliberalismo: máxima expresión de la degradación del salvaje capitalismo. ¡Solo pagamos los intereses! Esa deuda supone más del 60 % del PIB y nunca la podremos pagar, porque no son los ricos sino las clases medias y bajas las que pagan. Simulamos ser unos desagradecidos, inútiles, sin iniciativas, sometidos. Con lingotes de oro, con insuperables plantas, lamentando nuestra pobreza.
Laudina Motta de Acosta.
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