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Dos años de Gustavo Petro
Les voy a ser muy sincera. Voté por Gustavo Petro para llegar a la Presidencia de Colombia porque creía (y sigo creyendo) en la necesidad de un cambio. Pero mirando el panorama, mirando lo que ha pasado con la paz total, me siento bastante conflictuado.
Para empezar, la paz total ha demostrado ser una ilusión que está en riesgo de convertirse en espejismo. Aunque el Gobierno ha hecho muchísimos intentos para negociar con grupos armados y resolver conflictos históricos, lo que no es fácil, pues en la prácita es claro que la violencia no ha disminuido, sino todo lo contrario. Basta con mirar las estadísticas de homicidios y desplazamientos forzados. Me temo que las mesas de diálogo con grupos guerrilleros y bandas criminales, lejos de consolidar la paz, causan escepticismo y desconfianza. Es sencillo: mientras siga ocurriendo la violencia, no habrá paz.
Si en la paz no escampa, en lo económico tampoco para de llover. Uno no puede ver las cifras del sector de la construcción y sentir que el Ministerio de Vivienda haya hecho un buen trabajo. Si eso se una a la reforma tributaria, que nos va a apretar a partir de las próximas semanas a la clase media, es desolador. Por cierto: la promesa de una reforma agraria se quedó en nada. Van muy lento y se les acaba el tiempo.
Como si no fuera suficiente, la corrupción. A pesar de que el presidente tiene una agenda anticorrupción, y le creo las buenas intenciones, el mal manejo de los recursos ha sido evidente. ¿Cómo pueden dar la cara después de lo de la Ungrd? ¿Quién responde? ¿O caerán solo Sneyder y Olmedo?
Para terminar, me parece muy preocupante que el presidente siga nombrando a ministros tan malos. El reciente caso del ministro de Educación es un ejemplo claro. La falta de experiencia y conocimiento en el sector ha hecho que no tengamos ley estatutaria, que se hayan perdido dos años y que el presidente salga a lamentarse en público y culpar de manera irresponsable a nombramientos que él mismo hizo, nadie lo forzó. ¿Cómo creer en un Gobierno donde se privilegia la lealtad por encima de la preparación? ¿Cómo confiar en un líder que no es capaz de tener gente que lo cuestione?
Quiero y necesito que al presidente Petro le vaya bien. No solo porque Colombia tiene muchas cosas pendientes por mejorar, sino porque su gobierno puede ser la muestra de que nos podemos salir de los mismos políticos de siempre. Sin embargo, la impulsividad hasta ahora deja mucho que desear.
Helena Marín