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Calidades inmensas y proverbiales deben tener los gobernantes, y en general los servidores públicos. Nuestro querido departamento entrará en el ejercicio de elegir el reemplazo de Guido Echeverri Piedrahíta:
Un ser humano que recordó a todos que los valores de la credibilidad y el prestigio son reflejo fiel de vidas dedicadas a comprender hasta la saciedad que el papel de los estados es preocuparse inmensamente por el bien común. Que se llega al servicio público para servir con suficiencia, emoción y desprendimiento.
Desarrolló el Dr. Guido su labor sin dejarse mermar y alterar en sus competencias por “la espada de Damocles” que infelices y tristes seres humanos le diseñaron. De 48 meses previstos lo dejaron gobernar 17 meses.
Ha sido de veras muy lamentado por la opinión pública de Caldas que el Consejo de Estado no hubiera estudiado, con el rigor que merecían, los poderosos atenuantes existentes que le diezmaban peso significativo a la inhabilidad impetrada por los demandantes a su elección, pues el caso no era de aplicarle simplemente “heladeras legales” a la presunta inhabilidad resultante de un cargo con alcance municipal que tuvo su esposa; fuera de ello con poca proyección en el tiempo como para tener el poder de tráfico de influencias para que su esposo, el Dr. Guido, llegara a gobernar a Caldas, tiempo en el cual su candidatura “ni sonaba ni tronaba” en los mentideros ni en los directorios.
¡Las paradojas de la bendita vida!
Una gobernación con un hombre que inspiraba confianza a los 27 municipios de Caldas, con ascendencia mayúscula y notable en el consejo de gobierno como en la asamblea y en las dependencias centrales, se tiene que ir porque “los jueces de mármol” no estudiaron con detenimiento lo que “el termómetro marcaba” como indicador de tranquilidad y paz que sentían y vivían otra vez las familias, pues la gobernación de Guido Echeverri Piedrahíta rescató a pasos agigantados la confianza y seguridad en las instituciones de gobierno de la patria chica, alterada grandemente por sedicentes servidores públicos.
Rogelio Vallejo Obando.
Manizales.
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