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Por estos tiempos que se viven en medio de tensiones, la paz sigue jugando un papel protagónico en todos los escenarios de la vida de la República, colocando en las primeras páginas, en los editoriales de los periódicos y en las polémicas de los programas de opinión de la radio y la televisión nacional un tema fundamental: que dada la inocultable polarización por la que atraviesa el país, despierta todo tipo de pasiones y cábalas, que en algunos casos ayudan y en otros impiden armar el rompecabezas político que se cierne previo a la campaña y los comicios electorales de 2014.
Las contradicciones afloran a piel en cada uno de los personajes que encarnan y enriquecen día a día el debate político, plagado de eufemismos en los discursos disuasivos y persuasivos que propenden por orientar a la ciudadanía, desprovista de elementos de juicio y de valor que les permitan hacerse a la idea real y veraz respecto a lo que necesita y reclama con preocupación la sociedad colombiana.
Es paradójico que mientras el gobierno nacional adelanta unos “diálogos” de paz con el grupo insurgente de las Farc en La Habana, tendientes a dar por finalizada una absurda guerra que lleva más de cinco décadas sin un triunfo definitivo para ninguna de las partes, amén del dolor y el sufrimiento del pueblo que ha sido y es víctima de los crímenes que ha dejado y deja el conflicto armado en Colombia, el lenguaje de la paz es contradictorio e incoherente.
Si bien es cierto que se dialoga en medio del fragor de los fusiles, es bueno y prudente que los mensajes, tanto de los unos como de los otros, no aticen el fuego y exasperen la conciencia de los colombianos, que ante actitudes y comentarios belicistas de agentes del Estado, encabezados por el locuaz y efusivo ministro de Defensa Nacional, ponen en peligro en todo momento lo poco que se avanza en tan anheladas y traumáticas conversaciones.
Por ello, de la mano de todos aquellos que desde siempre han creído en la negociación política y el diálogo, hacemos votos porque la paz y la justicia sean un argumento que supere toda mezquindad y todo deseo de vindicta promovido por sectores enemigos de la reconciliación en Colombia. La democracia con participación política y el respeto a las ideas diferentes, deben primar en los debates que se estilan en todos los rincones de nuestro territorio.
Orlando Morales.Bogotá.
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