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Como lector diario de El Espectador quedo profundamente preocupado con recientes editoriales del mismo. Me refiero a los textos “Cambio de enfoque” del 6 de septiembre y “Una brutalidad” del 17 del mismo mes.
En el primero se habla del futuro remezón en el gabinete ministerial y en el segundo se señala al gas pimienta como causa directa de la muerte de seis personas en un club nocturno. Lo inquietante es lo descontextualizado de esos escritos, toda vez que en las mismas ediciones (sí, en otros apartes del periódico del mismo día) las noticias se esclarecen de manera diferente a lo proclamado en el editorial. En efecto: la edición del 6 de septiembre anunció el cambio de ministros ocurrido la noche anterior, pero el editorial habla de una inminente sacudida ministerial a sabiendas de que esta ya había acaecido. Lo mismo con el gas pimienta, ya que la edición del 17 de septiembre anuncia que Medicina Legal certificó que la causa de muerte fue asfixia mecánica, pero el editorial del mismo día le achaca las muertes al uso de armas no letales.
¿Acaso se está escribiendo muy temprano la Opinión?
Sergio Salazar Villegas. Bogotá.
N. del D.: Existen secciones en el producto impreso que inician su proceso de producción más temprano que las que dependen más de la actualidad. Tal es el caso de Opinión. Es por eso que, en ocasiones, se presentan estos inconvenientes con el contexto adicional que dan noticias posteriores a esa hora de cierre.
Sobre un editorial
El editorial del día 17 de septiembre, “Una brutalidad”, es la opinión más valerosa sobre uno más de los actos abusivos que permanentemente comete la Policía en contra de los ciudadanos y en clara violación de la ley. Las personas comunes y corrientes se sienten ultrajadas y temerosas por los procedimientos en ocasiones abusivos de uniformados envanecidos. Esta institución está fuera del control de las autoridades civiles a las cuales está subordinada, llámense ministro de Defensa, gobernadores y alcaldes. La actitud de los mandos policiacos es prepotente; no admiten ni permiten cuestionamiento alguno sobre sus procedimientos cuando éstos han sido irregulares; tergiversan y acomodan los hechos a conveniencia sin importarles pisotear la verdad.
A lo único que temen es al escrutinio de la prensa, en particular de El Espectador.
Juan Gómez. Bogotá.