Cauca, al oído del presidente

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Va in crescendo el número de columnas de opinión que en tono flamígero critican, en la prensa regional, el paro indígena-campesino en la carretera Panamericana Cali-Popayán-Pasto. Los argumentos y razones son contundentes, pero con un rasgo común: no son propositivos. De poco sirve que un problema tan serio sea abordado con una sola vista, cuando los ojos son dos.

En cada gobierno, los indígenas, esta vez con campesinos, cierran la vía Panamericana, y no en cualquier fecha, sino en los días previos a la Semana Santa, que ahora es también Artesanal. Tiempo en que la modesta economía de Popayán vive su mejor cuarto de hora con los visitantes y comerciantes que de todo el país llegan. Se entiende, entonces, que con la novedad de la carretera, los habitantes citadinos entren en zozobra emocional y la animadversión contra los indígenas crezca considerablemente, sin que falten razones.

Pero una vez se toma distancia, otras aristas del problema se hacen visibles. Esas dos aristas son Popayán, que padece los terribles efectos, y el Gobierno Nacional. Y saltan a la vista las incoherencias que han hecho imposible la solución oportuna del problema. Veamos: el presidente Duque muestra carácter y liderazgo para hallarle una salida a la situación de Venezuela, pero ha sido sordo al problema del Cauca, que es de menor envergadura. El presidente Duque viaja a “construir país” en Vaupés, más distante que el Cauca, y de nuevo ignora la situación de Popayán. El presidente Duque viaja a Chile, y se olvida de que en Cauca se le está esperando. ¿Cómo se llama a este tipo de actitudes? Displicencia. Vaya usted a saber por qué el presidente actúa de esa manera.

Como senador y vocero del Centro Democrático, Iván Duque fue crítico severo de los diálogos de paz J.M. Santos-Farc en La Habana, y con el apretado triunfo del No en el plebiscito se encontró la razón para afirmar que lo acordado en La Habana era una paz imperfecta e inconveniente para el país. ¡Eureka! El Centro Democrático tiene las llaves de la paz perfecta (en el imaginario colectivo), y el senador es ahora presidente.

Entonces, señor presidente, el Cauca es el laboratorio ideal para construir la paz que todo el país anhela. Aún hay tiempo, presidente. Y permítame decirle que la desmovilización de las Farc significó para el Cauca un oasis de tranquilidad en sus pueblos y veredas. En Popayán aún se advierte la inversión, representada en la construcción y la infraestructura. Si no se afana, señor presidente, lo poquito ganado se va a perder. No mire a los indígenas y campesinos como solo perturbadores del orden público, convierta ese problema en oportunidad. ¡Y construya país desde el Cauca!

Donaldo Mendoza, Popayán.

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